Noticia10/03/2026

Tiempo, escucha y cercanía: el testimonio de dos voluntarios de Cáritas en Zamora

Con frecuencia se habla de Cáritas Diocesana de Zamora cuando llegan determinadas campañas o con la presentación de datos relacionados con la pobreza, pero Cáritas es sobre todo una red de personas que dedican tiempo, escucha y cercanía a quienes más lo necesitan.

  • Entrevista en El Espejo de Cope en Zamora a Sandra Iglesias y Goyo Ortega, voluntarios de Cáritas Diocesana de Zamora
  • “Cuando vuelvo, los niños me abrazan y preguntan por qué no he venido”, explica Sandra
  • “Casa Betania es una familia”, cuenta Goyo. “Haces amistades muy bonitas”

Zamora, 10 de marzo de 2026. — Con frecuencia se habla de Cáritas Diocesana de Zamora cuando llegan determinadas campañas o con la presentación de datos relacionados con la pobreza, pero Cáritas es sobre todo una red de personas que dedican tiempo, escucha y cercanía a quienes más lo necesitan. Así presentaba Juan Carlos López a Sandra Iglesias y Goyo Ortega en El Espejo de Cope en Zamora, dos voluntarios que han decidido regalar una parte de su tiempo para ayudar a otras personas.

Sandra conoció la aventura del voluntariado al realizar el curso de monitor con Cáritas de Zamora y hacer las prácticas en el Centro de Atención al Menor (CAM). Cuando las terminó, le propusieron quedarse como voluntaria y “hasta hoy”. Su labor actual consiste en atender a los niños del CAM de 16 a 20 horas, jugando con ellos, dándoles la merienda y echándoles una mano con los deberes. “Les prestamos el apoyo que podemos y después hacemos un taller, dependiendo del tiempo que tarden en hacer los deberes”.

Por su parte, Goyo empezó su andanza como voluntario yendo a la cárcel, “hasta que llegó la pandemia, cuando nos echaron a todos”. Luego continuó su actividad en el centro de acogida Casa Betania, de Cáritas Diocesana de Zamora, donde está “encantadísimo”. Goyo ayuda a servir la comida a los usuarios de la casa de miércoles a viernes: “Ahora tenemos muchísima gente. Personas que necesitan un plato caliente, una habitación para descansar o unas duchas para la higiene personal”.

“Estar con los niños siempre tiene momentos muy gratificantes”, cuenta Sandra, que no va de continuo al CAM, algo que no pasa desapercibido entre los niños del centro. “Cuando pasan tres o cuatro días sin ir, cuando llego se levantan, me abrazan y me preguntan por qué no he ido y si mañana voy a ir. Y eso reconforta muchísimo”, explica.

Para Goyo, Casa Betania “es una familia”. Allí acude gente de múltiples países y creencias religiosas, y todos se muestran “muy agradecidos” por igual. “Casa Betania es una familia”, asegura, y en ocasiones, cuando termina su servicio, Goyo se sienta con “tres clientes, que los llamo yo” para tomar un café y charlar. “Haces amistades muy bonitas”, cuenta.

 

 

Sin embargo, también hay momentos exigentes a nivel emocional. Sandra lo siente cuando regresa a casa con sus hijos: “Les explico lo privilegiados que somos por tener todas las facilidades que tenemos, porque allí (en el CAM) veo lo difícil que lo tienen estos niños y estas niñas”. Y “aunque no quieras, te lo llevas a casa”.

Goyo podría dedicar su tiempo libre a jugar al pádel, como sugiere Juan Carlos López durante la entrevista, pero a Goyo siempre le ha gustado ser voluntario. Atendía a una mujer de 90 años y también saca de la residencia del Amor de Dios a un sacerdote para tomar un café, “a dar una vueltica y a hablar con ellos”. “Es una verdadera maravilla”, añade.

Sandra y Goyo han aprovechado la ocasión para animar a otras personas a sumarse al programa de voluntariado de Cáritas Diocesana de Zamora. “Hay muchos programas. Que se pasen por Cáritas, en la Plaza de Viriato, y pregunten dónde pueden ayudar, y allí les van a dar respuesta”.