Galicia reduce la exclusión social, pero aumenta el riesgo de consolidar la precariedad
El nuevo Informe FOESSA Galicia alerta de una sociedad menos excluida en comparación con el resto de España, pero más frágil
La exclusión social en Galicia ya no se explica únicamente por la falta de ingresos ni afecta solo a los márgenes más visibles de la sociedad. Así lo constata el IX Informe sobre exclusión y desarrollo social en Galicia, presentado hoy por la Fundación FOESSA junto a Cáritas en Galicia, que ofrece una radiografía amplia y actualizada de las condiciones de vida, los riesgos sociales y los procesos de integración y exclusión que atraviesan la Comunidad.
El documento fue presentado por el coordinador técnico del informe para la Fundación FOESSA, Thomas Ubrich, junto a las personas representantes de las cinco Cáritas Diocesanas en Galicia: Amparo González (Lugo), María Victoria González (Mondoñedo-Ferrol), Óscar Diéguez (Ourense), Pilar Farjas (Santiago de Compostela) y Alfonso Moreno (Tui-Vigo).
El documento se fundamenta en los resultados de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales, una de las investigaciones sociales más amplias realizadas en Galicia, con entrevistas en profundidad a casi 600 hogares de las cuatro provincias, y más de 12.000 hogares a nivel estatal. Este enfoque permite analizar no solo cuántas personas están en exclusión, sino cómo viven, qué dificultades acumulan y qué factores limitan su integración real.
Menos exclusión, más fragilidad
Los datos reflejan una realidad compleja y paradójica. Entre 2018 y 2024, la exclusión social en Galicia se reduce del 16,8 % al 12,7 %, lo que supone unas 342.000 personas afectadas. Sin embargo, este descenso se explica casi exclusivamente por la reducción de la exclusión moderada, mientras que la exclusión severa apenas varía y sigue afectando a unas 168.000 personas, en torno al 6,3 % de la población.
Al mismo tiempo, el espacio de la integración muestra un deterioro significativo. La integración plena se reduce en 8,6 puntos porcentuales, mientras que la integración precaria crece con fuerza, pasando del 31,1 % al 43,8 % de la población. Es decir, cada vez más personas no están formalmente excluidas, pero viven en una situación de vulnerabilidad constante.
“Estamos ante una sociedad menos excluida en términos estrictos, pero mucho más frágil”, señaló Thomas Ubrich, quien advirtió de que “cuando casi la mitad de la población vive en equilibrio inestable, cualquier crisis puede empujarla rápidamente hacia la exclusión severa”.
El informe constata que la precariedad ha dejado de ser una situación transitoria para convertirse en un rasgo estructural del modelo social. Afecta a trabajadores con empleo, a hogares con ingresos ajustados, a personas mayores y a familias con menores, incluyendo a colectivos que hasta hace pocos años se consideraban relativamente protegidos.
“La exclusión ya no está en los márgenes; se está desplazando hacia el centro de la sociedad”, subrayó Ubrich.
La vivienda, principal factor de exclusión
La vivienda emerge como el principal eje de desigualdad y exclusión social también en Galicia. El 26 % de los hogares gallegos presenta algún indicador de exclusión residencial. Más de 78.000 hogares (el 7 %) soportan gastos excesivos de vivienda que los sitúan por debajo del umbral de pobreza severa tras pagar alquiler o hipoteca. Además, unas 160.000 personas viven en situación de vivienda insegura y cerca de 170.000 en condiciones de insalubridad, hacinamiento o mala habitabilidad.
Entre 2018 y 2024, el precio de la vivienda aumentó un 21 % y el del alquiler un 28 %, con una cuota mediana en Galicia de 732 euros, muy por encima del crecimiento de los ingresos reales.
Desde Cáritas en Galicia se advierte de que la vivienda ha dejado de actuar como un factor de protección y se ha convertido en un auténtico cuello de botella para la integración social.
Empleo y salarios: recuperación insuficiente
Galicia ha mejorado sus indicadores laborales. La ocupación crece un 6 %, el paro baja del 13 % al 9 % y la temporalidad se reduce al 16 %. Sin embargo, esta mejora no se traduce en integración social para una parte significativa de la población. Los salarios reales apenas han crecido un 0,7 %, una vez descontada la inflación, y la inestabilidad laboral grave sigue afectando al 5,6 % de las personas ocupadas.
“El empleo ya no garantiza salir de la exclusión”, recoge el informe, que identifica esta paradoja como uno de los principales retos de las políticas sociales y laborales.
Pobreza, ingresos y carencias materiales
En 2024, el 14 % de la población gallega (unas 381.000 personas) se encuentra en riesgo de pobreza, frente al 22 % de 2020. La pobreza severa afecta al 6 %, unas 158.000 personas. Sin embargo, persiste una elevada fragilidad cotidiana, ya que el 27 % no puede afrontar gastos imprevistos, el 17 % no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada y el 4 % no puede permitirse una alimentación adecuada de forma regular.
El informe alerta además de la insuficiente cobertura del sistema de garantía de ingresos. El Ingreso Mínimo Vital solo llega al 51 % de las personas en pobreza severa en Galicia, y más de la mitad de los hogares en esta situación no ha recibido información sobre la prestación. Paralelamente, la RISGA ha reducido su cobertura a la mitad, pasando del 0,94 % al 0,50 % de la población.
Soledad y debilitamiento de los vínculos
La exclusión social empeora claramente la percepción de la salud, sobre todo la mental, y en Galicia este efecto es más intenso que en el conjunto del Estado. En todas las edades, quienes están en exclusión puntúan peor su salud que las personas integradas.
El 18 % de la población gallega, más de 480.000 personas, presenta problemas de exclusión en cuidados de la salud, cinco puntos más que en 2018. El 29,8% de la población gallega valora negativamente su salud física y el 18% su salud mental, por encima de la media estatal (20% y 11,8%).
El informe subraya también el aumento del aislamiento social y la soledad no deseada. Mientras que el aislamiento afecta solo al 4 % de los hogares integrados, se eleva hasta el 25 % entre los hogares en exclusión severa.
Llamada a la responsabilidad colectiva
Desde la Fundación FOESSA se insiste en que el informe no es solo un diagnóstico, sino una herramienta para la acción. “El mayor riesgo es normalizar la fragilidad”, concluyó Thomas Ubrich. “Si no se actúa con políticas estructurales y sostenidas, la precariedad de hoy será la exclusión crónica de mañana”.
Cáritas en Galicia invita así a repensar el modelo social, reforzar los sistemas de protección y construir un nuevo pacto social que sitúe la vida, los cuidados y la cohesión social en el centro de las decisiones públicas.
Amplio ámbito de divulgación
La difusión del Informe FOESSA se apoya en una agenda de actos que combina dimensión institucional, análisis técnico y diálogo social, con el objetivo de situar sus principales conclusiones en el centro del debate público gallego.
El programa arranca en Santiago de Compostela con una presentación institucional en la sede de la Valedora do Pobo y la posterior entrega del informe al presidente del Parlamento de Galicia, y continúa con una jornada técnica dirigida a voluntariado y personal técnico de las cinco Cáritas Diocesanas, centrada en el análisis compartido de los datos y sus implicaciones sociales.
El recorrido divulgativo se extiende mañana a Vigo con una presentación ante entidades del tercer sector que incorpora mesas de debate sobre vivienda, empleo, derechos e integración social, reforzando el papel del Informe FOESSA como una herramienta de referencia para comprender la exclusión social y orientar la acción y la incidencia social y política en Galicia.

