Cáritas expresa su preocupación por la situación en Ceuta y hace un llamamiento a la protección de la dignidad humana
La tragedia vivida en Ceuta en los últimos días ha puesto en evidencia, una vez más, el sufrimiento humano que se esconde tras los movimientos migratorios y la fragilidad de miles de personas que buscan una oportunidad de vida digna.
Cáritas une su voz a la de la Iglesia en España y en Ceuta y manifiesta su profunda preocupación y consternación ante la tragedia vivida en Ceuta en los últimos días, que ha puesto en evidencia, una vez más, el sufrimiento humano que se esconde tras los movimientos migratorios y la fragilidad de miles de personas que buscan una oportunidad de vida digna.
En primer lugar, lamentamos profundamente la pérdida de vidas humanas de quienes han fallecido en el mar intentando alcanzar a nado la ciudad de Ceuta. Ninguna persona debería verse obligada a arriesgar su vida para buscar protección, seguridad o un futuro mejor. Cada muerte en nuestras fronteras constituye una tragedia que interpela la conciencia colectiva de nuestra sociedad.
En segundo lugar, queremos reconocer el impacto que esta situación está teniendo sobre la población ceutí. La llegada masiva de personas en pocas horas y la incapacidad para gestionar la emergencia de forma inmediata, han generado una importante alteración de la vida cotidiana de la ciudad, afectando a vecinos, servicios públicos e instituciones locales, que han debido afrontar circunstancias de gran dificultad. Frente a esta realidad, queremos trasladar nuestro agradecimiento a los ciudadanos de Ceuta, que ha demostrado una vez más una extraordinaria capacidad de solidaridad, acogida y compromiso con las personas más vulnerables. Reconocemos igualmente la labor de las entidades sociales, organizaciones humanitarias, comunidades religiosas, profesionales y voluntariado que trabajan sobre el terreno para ofrecer atención, acompañamiento y protección.
En tercer lugar, recordamos la obligación de proteger a las personas más vulnerables, entre ellas los niños, niñas y adolescentes, así como a quienes huyen buscando protección. El respeto a la dignidad humana, al interés superior del menor y a las garantías establecidas en nuestro marco jurídico no puede quedar relegado en situaciones de presión fronteriza.
Nos encontramos ante una situación de carácter humanitario que exige una respuesta centrada en la protección de las personas más vulnerables. En este sentido, la iglesia en Ceuta y las Cáritas locales han puesto a disposición sus recursos de acogida y han reiterado su compromiso de colaborar con las administraciones y organismos competentes para atender las necesidades que puedan surgir, desde la coordinación institucional, la solidaridad y el respeto a la dignidad de todas las personas.
Denunciamos la instrumentalización de las personas migrantes como herramienta al servicio de intereses políticos o estratégicos y el uso de la demografía como arma de presión geopolítica. Ningún ser humano debe ser utilizado como medio de presión o confrontación. Las personas migrantes son sujetos de derechos y merecen ser tratadas con respeto, humanidad y justicia. Como recordó recientemente el papa León XIV durante su visita a España, las personas migrantes “no son números ni expedientes, sino personas con una dignidad que nadie tiene derecho a despreciar”. Sus palabras nos invitan a situar la dignidad humana en el centro de cualquier respuesta política y social al fenómeno migratorio. Nos unimos a su oración durante el Angelus del pasado domingo y pedimos a Dios, «por intercesión de Nuestra Señora de África, la patrona de Ceuta, «que se puedan encontrar soluciones de paz, de estabilidad y de justicia».
Hacemos un llamamiento a las administraciones públicas, a los responsables políticos y a la comunidad internacional para que impulsen soluciones basadas en la protección de los derechos humanos, la cooperación entre países y la Unión Europea, el respeto a la legalidad y la construcción de vías seguras para la movilidad humana.
Cáritas invita a toda la comunidad cristiana y a la sociedad en general a no permanecer indiferentes. Estamos llamados a mirar a cada persona, cada migrante, como un hermano o una hermana, ofreciendo respuestas que promuevan la convivencia, la igualdad de trato y la esperanza. Solo desde el reconocimiento de la dignidad inviolable de toda persona podremos construir una sociedad más fraterna y cohesionada.
«Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros.» León XIV, 11 junio 2026 Arguineguín.

