Crisis humanitarias crónicas

Un pasado cercano marcado por las guerras y los conflictos étnicos, pugna por el control de los recursos naturales, debilidad de los Estados y circulación de armas hacen que la población de esta región viva bajo una constante amenaza de violaciones de sus derechos.

Contexto de la región

Alta prevalencia de la violencia

La incidencia de la violencia que constituye el caldo de cultivo de la gran incidencia y gravedad de las crisis humanitarias, hay que subrayar que ésta, en su configuración actual, tiene su origen más próximo en las grandes guerras que aquejaron la zona de Grandes Lagos (la guerra y genocidio de Ruanda en 1994 y la Guerra Mundial Africana en 1996) y permanecen gracias a las condiciones actuales de débil gobernanza, pobreza extrema y abundantes recursos naturales.

Esto arroja un escenario hoy en los Kivus, que es la zona de intervención clave de Cáritas Española, de enorme atomización de los grupos armados, guiados por intereses económicos más que políticos, con un alto grado de movilidad geográfica. En la zona de Shabunda -diócesis de Kasongo-, caracterizada por ser una zona de selva, y con pueblos y comunidades muy aislados entre sí, hay prácticamente un grupo armado por cada pueblo.

Estos grupos son un híbrido entre bandas criminales y grupos armados, entendiendo por tales, aquéllos que persiguen un objetivo político en su conflicto contra el estado. Los grupos armados son para muchos hombres un medio de vida. Ello hace que una salida negociada al conflicto en general sea complicada, y confiere más efectividad a las negociaciones y soluciones de tipo local en cada lugar concreto donde operan los grupos.

En lo que respecta a los actores armados estatales –fuerzas de seguridad del Estado: policía y ejército-, hay que subrayar la sensible reducción de su presencia en el territorio y su débil capacidad para proteger los derechos de las poblaciones, su ignorancia de las disposiciones legales que protegen los derechos y sustentan sus obligaciones. Esto conduce a fenómenos como los reclutamientos informales de policías, en las comunidades, que no pasan por las etapas de formación legalmente previstas favorecen las violaciones y abusos contra los derechos humanos.

La violencia y la inseguridad humana, constituyen aún hoy uno de los mayores problemas percibidos por la población del Este del Congo, en particular aquélla que se encuentra en zonas aisladas y/o de interés estratégico para estado y/o grupos armados. Entre las principales violaciones de los derechos humanos de la población se encuentran las violencias sexuales, los arrestos arbitrarios, la extorsión, las torturas y tratamientos crueles, las barreras ilegales y todas las otras violencias de género (matrimonio precoz y/o forzado, violencia conyugal, violencia económica, etc.). Esta violencia produce un alto grado de movilidad humana forzosa.

Desigualdad de género

Viene a agravar los problemas humanitarios en todos los países. En primer lugar, la imagen social de las mujeres como miembros «de segunda» en la comunidad, son el caldo de cultivo perfecto para la comisión de todo tipo de violaciones de derechos contra ellas: desde la violencia sexual hasta la violencia económica. Esta última, frecuentemente eclipsada por la primera, contribuye a frenar el desarrollo del país a través de las profundas injusticias sociales que genera: aunque son las mujeres las que realizan la mayor parte del trabajo tanto fuera como dentro del hogar, son los hombres los que deciden sobre el uso del dinero. Para reafirmar este su poder dentro del hogar, los hombres tienden a cometer violencias físicas y sexuales contra sus mujeres.

El trabajo de las mujeres no es en modo alguno suficiente para ocuparse de manera eficaz de los cuidados y sostener económicamente a la familia, y, por parte de los hombres, no existen incentivos para cambiar la situación, dado que ello implicaría renunciar a sus privilegios.

Las mujeres son las más expuestas a los impactos humanitarios, por los prejuicios retrógrados, pero también al tener menos capacidad de decisión sobre su propio destino, lo que le impide poner en práctica mejores estrategias para hacer frente a los riesgos. Por ejemplo, para ellas ir a trabajar sus parcelas agrícolas es una obligación insoslayable, que sin embargo las expone a asaltos, robos y violencias. Dentro del hogar, su capacidad de decisión está limitada por la costumbre y por la normalización de la violencia.

Economía de subsistencia, pobreza y servicios públicos deficientes

La economía de la mayoría de la población de estos países se caracteriza por ser de subsistencia, informal y agrícola.

El trabajo agrícola no cuenta con la inversión necesaria como para aumentar su valor añadido de manera a remunerarlo dignamente en forma de beneficios.

En el caso de la República Democrática del Congo, a pesar de poseer unas condiciones óptimas para la actividad agrícola, el país es importador neto de alimentos. A la falta de inversión y la sobrecarga de trabajo de las mujeres, hay que añadir una mala gestión del territorio que conduce a una alta incidencia de catástrofes naturales, sobre todo inundaciones, y, en el Este, la inseguridad, que hace que por temporadas las personas tengan que abandonar sus campos para huir de la violencia. También existe una considerable inseguridad jurídica que afecta a la tenencia de la tierra, lo cual a veces conduce a que se realizan expropiaciones forzosas y sin compensación alguna. La agricultura es en su mayoría una actividad de subsistencia donde priman las prácticas tradicionales, sin acceso efectivo a sistemas de riego con capacidad suficiente y cuyo rendimiento es por tanto muy bajo.

En Burundi los efectos combinados de la fragilidad de la situación socio-económica, la presión demográfica sobre las tierras cultivables disponibles y la concurrencia de catástrofes naturales fragilizan al 80% de la población, que vive de sectores económicos dependientes de la climatología, como la agricultura y la ganadería.

Impacto negativo de la COVID 19

Desde el punto de vista epidemiológico, el impacto de la COVID-19 en la región de Grandes Lagos es enormemente limitado comparado con el de otras epidemias y con el del hambre.

En República Democrática del Congo se decretaron desde el mes de marzo medidas muy estrictas de restricción de movimientos, cierres de fronteras y prohibición de las aglomeraciones que han provocado estragos en la economía del país. El franco congoleño está en caída libre, y los precios de los alimentos se han duplicado. Las medidas han agravado todos los problemas humanitarios que sufre el país: la restricción a la movilidad ha impedido que se ejecuten todas las campañas de vacunación que en condiciones normales serían necesarias y han supuesto obstáculos importantes para todas las demás intervenciones humanitarias; la inflación implica un aumento del precio de las intervenciones humanitarias y un recrudecimiento de las necesidades de las poblaciones.

Actualmente el gobierno ha levantado algunas de las restricciones más duras al constatar los efectos perniciosos de las mismas en comparación con el impacto epidemiológico de la COVID -19. Sin embargo, hay que reconocer que existe cierta incertidumbre con respecto a si la COVID-19 conocerá en el futuro una evolución más dramática en el país.

En Burundi no se han tomado medidas de restricción a la movilidad y a la concentración de las poblaciones y parece que la COVID-19 no hubiera, por el momento, alcanzado proporciones dramáticas.

La emergencia en cifras

República Democrática del Congo

  • 15,6 millones de personas tienen necesidad de asistencia humanitaria, el 50,8% mujeres y el 58,5%, niños y niñas.
  • Alberga hoy la mayor población de desplazados internos del continente africano, con 5,01 millones de personas
  • Segundo país del mundo con mayor número de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda, con 15,6 millones de personas afectadas.
  • 31% de la población no tiene acceso a una fuente de agua potable y el 56% vive con infraestructuras inadecuadas de saneamiento.
  • 8% de los niños y niñas en edad escolar y la mitad de las niñas entre 5 y 17 años no están escolarizados.
  • Actualmente vive la peor epidemia de sarampión de la historia con cerca de 320.000 casos registrados en 2019, y más de 6.000 fallecidos –niños y niñas en su mayoría-.

Burundi

  • 5,1% de la población sufre malnutrición aguda.
  • 54% de los niños menores de 5 años padecen malnutrición crónica.
  • Más de 330 000 burundeses refugiados en los países limítrofes.
  • 461.000 burundeses tienen necesidades de protección.
  • En el último año se detectaron más de 7,2 millones de casos de paludismo.

Objetivos

Mejorar la auto-protección de las personas y las comunidades ante las violencias y la violación de los derechos humanos, a través de acciones de formación e incidencia.

 

Mejorar la situación de la población desplazada debido a conflictos y catástrofes naturales, a través de la provisión de ayuda de emergencia –alimentación, enseres, refugio.

 

Reforzar la seguridad alimentaria y los medios de vida de las familias vulnerables y de acogida de desplazados más vulnerables, para que sigan desempeñando su papel solidario y evitar conflictos en las comunidades de acogida entre población autóctona y la población desplazada, a través de actividades de microcrédito y refuerzo productivo.

 

Mejorar la respuesta al control de las epidemias (Ébola, sarampión) mediante la sensibilización a la población sobre medidas de prevención de la transmisión comunitaria.

 

 

Mejorar la información sobre situaciones de crisis humanitaria y de vulneración de derechos a través de la denuncia desde la base social de la Iglesia católica

Nuestra acción

República Democrática del Congo

  • Apoyo a 35 Comités Locales de Derechos Humanos en las zonas aisladas y en conflicto de Kivu del Sur en resolución pacífica de conflictos, defensa de los derechos humanos y orientación a las víctimas.
  • 411 acciones de incidencia realizadas por los comités locales ante autoridades para parar situaciones de vulneración de derechos humanos tales como arrestos arbitrarios, detenciones ilegales, torturas, impuestos ilegales, etc. en estas mismas zonas.
  • 190 víctimas de violencias severas orientadas por los Comités para acceder a servicios de asistencia legal, sanitaria y jurídica en estas mismas zonas.
  • 800 personas se han beneficiado de servicios gratuitos de resolución de conflictos y prevención de la violencia en estas mismas zonas.
  • Formación de 500 miembros de las autoridades locales en derechos humanos y prevención de la violencia como instrumento para mejorar la situación de los derechos humanos de las poblaciones.
  • Apoyo multisectorial a 1.257 hogares vulnerables de acogida de desplazados mediante la auto-organización y el refuerzo productivos.
  • Contribución a contener el brote de Ébola de la Provincia de Equateur mediante el apoyo a 15 Comités de sensibilización para evitar la propagación de la epidemia.

Burundi

  • Mejora de los ingresos de 6.000 familias muy vulnerables de las Provincias de Bururi y Rutana a través de la auto-organización en grupos de microcrédito y solidaridad, con una financiación de 180.000 euros anuales íntegramente financiado por Cáritas Española.
  • Apoyo multisectorial en seguridad alimentaria y salud a 2.000 familias vulnerables en zona endémica de paludismo en Bujumbura y Bubanza.

Te necesitamos para seguir ayudando a las familias y comunidades en la región de Grandes Lagos

También puedes apoyar la atención a esta emergencia colaborando en las siguientes cuentas:

Caixabank ES27 2100 5731 7102 0029 9272

Santander ES56 0049 6791 7321 1600 1176