Cooperación

Asia

Las comunidades se organizan para enfrentar el coronavirus unidas.

¿Qué está pasando?

En Filipinas, según el informe del Departamento de Trabajo de EE. UU. de 2018, al menos 3,2 millones de niños filipinos de entre 5 y 17 años sufren las peores formas de explotación infantil en la agricultura, la minería, los conflictos armados y el comercio sexual.

La crisis de COVID19 ha golpeado con dureza a las familias y está sacando a la luz los problemas de niños y jóvenes que las organizaciones sociales llevaban años señalando.

Los niños y las niñas ya no sólo enfrentan el trabajo infantil o la falta de acceso a la educación, sino que, desde marzo, en palabras de la Cáritas local, “hemos sido testigos de escenas más deprimentes de familias que no tienen nada para comer y de niños que se van a dormir con el estómago vacío».  Según el obispo José Colin Bagaforo, director Caritas Filipinas, el gobierno espera que el desempleo causado por la pandemia alcance los 7.3 millones de personas. Esto significaría que para ayudar a sus familias, muchos niños y niñas se verán obligados a abandonar la escuela para ayudar a encontrar medios de subsistencia.

¿Qué estamos haciendo?

Una de las principales respuestas de Cáritas Filipinas a la crisis social generada por el COVID-ha sido la implantación de las llamadas “Estaciones de Solidaridad” en más de 15 diócesis en el país, con el objetivo de localizar la respuesta humanitaria y al mismo tiempo promover una cultura cristiana de generosidad y compasión en las comunidades.

Se trata de un sistema por el que cualquier persona en la comunidad puede contribuir con lo que tiene y compartir provisiones para la ayuda mutua. “Al principio pensamos que este concepto no se ajustaba a las realidades en el terreno. Las personas están acostumbradas a recibir ayuda y nunca antes habíamos recibido donaciones de personas comunes durante las emergencias; pero ha sido como el milagro de la multiplicación de los panes y los peces” afirma la Hermana Claire de la Cáritas Ilagan.

Este proyecto pionero en su género ha supuesto una gran sorpresa tanto por los agentes de Cáritas como para la misma comunidad.  Por un lado, las Cáritas locales han visto como con un presupuesto muy pequeño se ha podido conseguir alimentar a comunidades enteras y a la vez generar unos lazos de solidaridad duraderos.

Como hemos venido observando en España también, la experiencia de Filipinas demuestra la importancia capital de la comunidad para afrontar las adversidades: una sociedad cohesionada es una sociedad más fuerte.

La crisis COVID ha desafiado a Caritas Filipinas a pensar más allá de la respuesta humanitaria habitual. Con las Estaciones de Solidaridad de Caritas, se ha conseguido no solo proporcionar alimentos a las familias más pobres, sino también contribuir a proteger a los más pequeños de nuevos abusos.

Sólo en la provincia de Isabela, al menos 800 niños y jóvenes se beneficiaron de las dos Estaciones. La diócesis y las parroquias donde se encuentran las Estaciones han estado contemplando abrirlas para siempre incluso expandirlas. El Proyecto Community Cáritas Kindness Stations en Isabela cuenta con el apoyo de Caritas Española y los más de 100 hogares e individuos que generosamente sostuvieron las Estaciones.  

“Estamos muy agradecidos de tener la Estación de Solidaridad en nuestro barangay. Mi padre es chófer. Con la pandemia, el transporte público tiene prohibido operar, por lo que no tenemos ingresos. Mi madre es ama de casa así que prácticamente durante el COVID-19 no teníamos nada para comer. Pero Dios es bueno. ¡La Estación de Amabilidad-Solidaridad nos dio esperanza y orgullo! Esta es la primera vez que se nos llama donantes, incluso con los artículos muy escasos que llevamos para intercambiar hemos podido ayudar a otras familias y a niños como yo”.  

Mae Heart Manding, de 12 años

El poder de cada persona

Cada gesto cuenta