Volver a empezar en El Salvador
Sandra decidió abandonar Estados Unidos y regresar a su país de origen por el miedo a ser detenida por el ICE.
En Centroamérica, la movilidad humana forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. Durante décadas, la región ha estado marcada por una combinación de factores que empujan a miles de familias a abandonar sus hogares: violencia de pandillas, falta de oportunidades económicas, crisis climática…
En países como El Salvador, Honduras y Guatemala, muchas comunidades han vivido durante años bajo el control de grupos criminales. En esos contextos, la vida diaria puede quedar limitada por normas impuestas por las pandillas: horarios para salir de casa, restricciones para estudiar o trabajar y, en muchos casos, amenazas directas contra quienes intentan resistir o simplemente ayudar a otras personas.
A estas dinámicas se suman otros procesos que también configuran la movilidad humana en la región, como el retorno de personas migrantes desde Estados Unidos, la migración intrarregional entre países vecinos y los desplazamientos internos provocados por la violencia.
Obligada a volver
Sandra Elizabeth Mejía Zambrano llevaba trece años viviendo en Estados Unidos. Se fue en busca de oportunidades económicas. Su plan era quedarse quince años, y después volver a El Salvador. Pero las noticias sobre redadas migratorias comenzaron a multiplicarse. Las imágenes de detenciones realizadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) generaron temor en muchas comunidades migrantes.
Es por ello que Sandra decidió adelantar su regreso aterrada por la posibilidad de que la detuvieran en su día a día. Hubo un día, hace un año, que no pudo aguantar esta tensión diaria y decidió comprar un billete de vuelta a El Salvador. Fue hace un año.
Sentía mucho miedo de volver a empezar de nuevo tras 13 años fuera del país. “Al menos yo mantenía contactos y red en el Salvador, pero hay muchas personas que vuelven o son deportadas sin familia ni red que llevan décadas fuera y se enfrentan al vacío total».
Emprendedora
Gracias al proyecto “Apoyo a la inclusión sociolaboral y al ejercicio de los derechos de la población migrante en Santa Ana y San Miguel, El Salvador”, impulsado por Cáritas, pudo realizar varias formaciones sobre iniciativas económicas artesanales y se lanzó a iniciar un emprendimiento que es la base de su sustento actual.
Ahora elabora jabones artesanales. “Desde aquel día sigo innovando. Allá donde voy explico las técnicas que aprendí. He conseguido que otras mujeres empiecen a elaborar jabones. Algunas personas me preguntan si no tengo miedo a que me hagan competencia, pero les digo que no. Yo doy lo que me dieron; ningún frutero se preocupa porque haya otras fruterías en el mercado.”
“Volver significa empezar de nuevo”, concluye Sandra.

