Cooperación internacional • 08/10/2026

«Ver cómo las personas mejoran sus vidas es mi mayor recompensa»

Durante más de tres décadas, nuestro cooperante ha dedicado su vida a la cooperación internacional, acompañando a las personas más vulnerables y trabajando por la justicia social.

Con esta entrevista cerramos la serie de blogs dedicada a nuestros cooperantes, personas que, con compromiso, vocación y entrega, trabajan cada día para acompañar a las comunidades más vulnerables y construir un mundo más justo. Hoy conocemos la experiencia de uno de nuestros cooperantes sobre el terreno.

¿Cómo has llegado a ser cooperante en Cáritas?

Llevo algo menos de un año como cooperante de Cáritas Española, aunque mi vinculación con la institución comenzó en 2023, cuando me incorporé a la Unidad de África del Área de Cooperación Internacional. Al finalizar aquel contrato se abrió una convocatoria para una plaza de cooperante, presenté mi candidatura y fui seleccionado.

Sin embargo, mi trayectoria en la cooperación internacional viene de mucho antes. Desde mis años universitarios he participado en asociaciones y organizaciones sociales, dedicando mi vida, tanto como voluntario como profesional, al desarrollo humano y a la lucha contra las injusticias.

¿Cuál es tu formación?

Mi motivación principal siempre ha sido la solidaridad, el deseo de ayudar a los demás y el compromiso con la justicia social.

Estudié Ciencias Físicas en la Universidad Complutense de Madrid y, posteriormente, completé un Máster en Gobernanza y Derechos Humanos. Paralelamente, desde muy joven me impliqué en el mundo asociativo y me formé en gestión de entidades sin ánimo de lucro y proyectos de cooperación internacional. Esa combinación de formación, experiencia y vocación ha marcado toda mi trayectoria profesional.

¿Cómo es un día normal en tu vida?

Mi vida cotidiana es sencilla y bastante rutinaria. Suelo levantarme temprano y comenzar el día escuchando una emisora española para mantenerme informado. Después camino hasta la oficina de Cáritas local, situada a unos quince minutos de mi casa.

La jornada laboral suele comenzar a las 8:30 y, dependiendo del día, puede finalizar entre las 16:30 y las 19:00 horas. Al volver a casa, dedico tiempo a hablar con mi familia y mis amigos, algo especialmente importante porque vivo solo en el destino. Los fines de semana intento descansar, organizar la semana y ponerme al día con asuntos personales.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Lo que más satisfacción me produce es ver que nuestro trabajo tiene un impacto real en la vida de las personas. Comprobar cómo mejoran sus condiciones de vida, desarrollan nuevas capacidades y avanzan hacia una mayor autonomía es una motivación enorme.

También disfruto trabajando junto a personas comprometidas con la dignidad humana y la justicia social. Además, la cooperación me permite conocer otras culturas, comprender distintas formas de vida y seguir aprendiendo cada día.

¿Qué es lo más difícil?

Lo más duro es convivir diariamente con situaciones de pobreza, injusticia y discriminación. En muchas ocasiones somos conscientes de que las necesidades superan los recursos disponibles y de que los cambios estructurales dependen de decisiones políticas de gran alcance.

En el plano personal, vivir lejos de la familia tampoco es sencillo. Hay momentos complicados en los que la distancia pesa especialmente. Aun así, he aprendido a afrontar estas dificultades con serenidad, porque esta labor responde a una vocación profundamente arraigada.

¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrenta un cooperante?

Uno de los principales desafíos es comprender la cultura y la realidad social del país donde se trabaja. Adaptarse requiere escucha, respeto y una actitud constante de aprendizaje.

A nivel profesional, el gran reto es acompañar adecuadamente a las organizaciones locales y construir relaciones basadas en la confianza, la corresponsabilidad y el trabajo conjunto. La cooperación debe avanzar hacia alianzas cada vez más horizontales, donde todos aprendamos unos de otros y trabajemos unidos por el bien común.

Cuéntanos alguna anécdota de tu vida allí o de tu trabajo

Muchas de mis anécdotas tienen que ver con las diferencias culturales. Recuerdo una de mis primeras comidas en casa de unos amigos, donde todos compartían la comida directamente con las manos. En aquel momento me sorprendió, pero después comprendí que era una costumbre completamente normal en ese contexto.

Otra vez, durante un viaje al interior del país, descubrí que el restaurante donde paramos no tenía cubiertos. Tras una larga búsqueda apareció una cuchara que el conductor llevaba en el coche. Desde entonces, siempre viajo con mi propio juego de cubiertos.

Estas experiencias me han enseñado que África es un continente enormemente diverso y que no todas las costumbres son iguales en todos los países. Esa riqueza cultural es, precisamente, una de las mayores enseñanzas que me llevo de esta experiencia.

💙 «La cooperación actual debe avanzar hacia relaciones más horizontales, donde todos aprendamos unos de otros, nos respetemos y trabajemos unidos por el bien común».

Gracias a todas las personas cooperantes que forman parte de la misión de Cáritas y que, con su trabajo diario, siembran esperanza allí donde más se necesita. Este último blog de la serie es también un reconocimiento a su compromiso, entrega y vocación de servicio.