Análisis y reflexión10 Septiembre 2019

Un nuevo curso para amar y servir

Nuestro delegado episcopal propone una serie de retos para renovar nuestra vocación de cuidadores, tanto de la naturaleza como de los más empobrecidos

Venimos de un verano que ha estado marcado, entre otras cosas, por la epidemia del ébola, por los fuegos, tanto en la Amazonía como en Canarias y por la crisis del Open Arms. Estos acontecimientos ponen en evidencia la crisis ecosocial que no acaba de verse y afrontarse adecuadamente y la ausencia de una política humanitaria por parte de la Unión Europea. Falta una política común y sobran normativas rígidas, que con frecuencia se utilizan para someter a las personas a la explotación laboral y son el caldo de cultivo para el gran negocio de las “mafias”.

Con el Papa Francisco tenemos claro que no hay dos crisis, sino una sola que tiene una misma raíz: un modelo de desarrollo basado en el crecimiento económico y en un consumo “histérico” e insaciable, que produce, por un parte la esquilmación del Planeta y, por otra, la polarización de las desigualdades. Cáritas no puede dejar de escuchar ni el grito de la tierra ni el grito de los pobres.

La Amazonía está en llamas. Pero no solo se trata de los incendios forestales, el fuego que asola la Amazonía es también el de la doble moral: dominación, exclusión, explotación, indiferencia etc. Lo mismo ocurre con la crisis de los refugiados: no solo son las olas del Mediterráneo las que derriban y ahogan, sino las olas de xenofobia y rechazo al extranjero pobre, y la creciente ola de los que sospechan y estigmatizan a los que ayudan a las víctimas. Ante todo esto no podemos permanecer como espectadores del debate público. Nuestra incidencia política ha de estar presente porque es necesario crear leyes justas para cambiar condiciones injustas, de manera que nadie tenga que huir la pobreza, de la violencia y de la persecución, de los desastres naturales (¡cuántos estarán siendo desplazados ahora de la Amazonía!).

Apostar por el cuidado de la creación y seguir trabajando por hacer realidad los cuatro verbos, que configuran las líneas de acción marcadas por Francisco: acoger, proteger, promover e integrar, han de ser líneas prioritarias de nuestro quehacer en este curso.

Por otra parte, vemos con esperanza el Sínodo de la Amazonía, que nos puede ayudar a renovar nuestra vocación de cuidadores, tanto de la naturaleza como de los más empobrecidos. Valoramos la mayor conciencia de toda la Iglesia en temas de migración, así como la apuesta de nuestra Iglesia española en la participación de los jóvenes, también éstos tienen mucho que aportar a nuestra labor caritativa y social.

Creo que la ecología, el drama de las migraciones forzadas, la dimensión universal de la caridad, el cuidado de nuestra acción sociocaritativa y el cuidado de los agentes de caridad, especialmente de los más jóvenes, son grandes retos para un nuevo curso, que todos y cada uno, desde su equipo, hemos de abordar.

Este comienzo de curso hemos de vivirlo como un tiempo propicio en el que nos hacemos conscientes de los dones que tenemos y de la misión encomendada. Aprovechemos el curso para dar lo mejor de nosotros y estar en continuo aprendizaje para un mejor servicio a la Iglesia, a la sociedad y en especial a los más empobrecidos, destinatarios preferenciales de nuestra acción. En ello nos va el vivir con vocación y sentido. Ahora es el tiempo de la creación, es el tiempo del cuidado, es el tiempo del servicio. Poniendo este nuevo curso en las manos de Dios, os animo a todos y os deseo un buen curso. 

 

Fotografía: Dimitri Cornejo