Sudán: una emergencia olvidada que clama por nuestra esperanza
Mientras el mundo mira a unos pocos conflictos, Sudán vive una de las mayores emergencias humanitarias del planeta. Más de 30 millones de personas sufren una guerra silenciada que obliga a millones a huir, deja a familias sin agua ni alimento y pone en riesgo especialmente a mujeres y niños.
Cerramos el Año Jubilar de la Esperanza en un mundo herido por la guerra. Mientras Ucrania y Gaza ocupan titulares, hay conflictos silenciados que siguen causando un sufrimiento extremo. Uno de los más graves es el de Sudán.
30 millones de sudaneses atrapados
Allí, casi en el medio, debajo de Egipto y oreada por el Mar Rojo, emerge Sudán con 30 millones de personas en su haber atrapadas desde hace casi 3 años entre la vida y la muerte, viviendo una emergencia humanitaria que les sitúa en la huida, en la extrema necesidad de protección, de alimentación para la supervivencia, de refugio, agua potable y asistencia médica.
Hasta noviembre de 2025, 11.7 millones de personas se han visto forzosamente desplazadas por esta guerra en Sudán, la cifra más alta de desplazamiento humano en la actualidad. De ellos, 7.3 millones están desplazados dentro del propio país, y 4.4 millones han huido a los países colindantes. La mayor parte se encuentran en Egipto (1.5 millones) y Sudán del Sur (1.2 millones), seguidos de Chad, Libia, Uganda, Etiopía y República Centroafricana. Además, hay 575.000 refugiados de otros países que estaban acogidos en Sudán que han tenido que desplazarse dentro del país en busca de lugares seguros.
Una violencia desmedida
La violencia se ha hecho dueña de las calles y los corazones, y son las mujeres y la infancia las principales víctimas y armas de guerra a lo ancho y largo del país. También ha impactado en las vidas de numerosos trabajadores humanitarios dadas las dificultades para hacer llegar la ayuda. Esta violencia que lo impregna todo impide que puedan establecerse corredores humanitarios seguros para que la entrada de ayuda se garantice, los actores humanitarios puedan realizar su trabajo con garantías, y la población que espontáneamente está retornando a las zonas “pacificadas” como la capital Jartum, pueda contar con apoyo para su recuperación.
La respuesta de Cáritas
La respuesta internacional ahogada en su propio silencio, contrasta con el llamamiento de CAFOD-Caritas Internationalis y el apoyo de Cáritas Sudán a hacernos presentes como Iglesia que acoge y permanece fiel con el que más sufre. En la archidiócesis de Jartum, con una región pastoral supervisada por el Obispo auxiliar, y otra diócesis en El Obeid, las parroquias sirven de centros de acogida para personas desplazadas, y los escasos sacerdotes apoyados por catequistas laicos, grupos de religiosos como los Combonianos y otras órdenes religiosas locales, se erigen como focos de alivio y luz en medio de la desesperanza y el olvido.
La luz que no se extingue
Este llamamiento ha recaudado hasta el día de hoy más de 2 millones de euros que han ido sosteniendo el programa de ayuda de CAFOD – Caritas Sudán, brindando protección contra la violencia de género y sexual, dinero en efectivo, y acceso a agua segura y saneamiento en los estados de Jartum, Nilo Blanco, Norte de Kordofan y Norte de Darfur, dando asistencia a 95.000 personas hasta ahora. Cáritas Española se ha sumado a esta respuesta solidaria desde 2023, y en la actualidad apoya el programa conjunto CAFOD-Caritas Sudan dentro de Sudán, y a la población sur sudanesa retornada en Sudán del Sur.
Todo el esfuerzo sigue siendo escaso ya que el conflicto sigue activo y la población civil dentro de Sudán y en los países colindantes continúa en situación de extrema necesidad.

