Análisis y reflexión13 Septiembre 2019

Relatos de esperanza para la democracia

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Democracia este domingo 15 de septiembre, queremos compartir una reflexión acerca del importante papel de la democracia para la construcción de un buen gobierno en Latinoamérica.

Situarse en el actual panorama de América Latina en relación a sus democracias es reconocer que se vive una época de turbulencia. Hay contextos y situaciones que hacen dudar de los logros paulatinos en la consolidación de Estados democráticos durante los últimos 40 años. En este breve panorama si estableciéramos un balance, hablaríamos de sombras y señalaríamos dinámicas perturbadoras en la salud democrática en la región.

Hoy no es difícil toparse con noticias que hablan de colapso en derechos sociales, políticos…en Venezuela y Nicaragua; Brasil ha visto el ascenso de un candidato como Bolsonaro, con sus claras manifestaciones en pos de fragmentar consensos y estabilidad en derechos de propiedad de la tierra.

Encontramos una permanente violencia que se manifiesta en varias formas; en el crimen organizado en México; la extorsión y control territorial en El Salvador, Honduras; o en la violencia ejercida contra líderes comunitarios y colectivos sociales, que pretenden reivindicar y defender derechos sociales, políticos y de tierra básicos.

Observamos casos de corrupción estructural como Petrobras; la corrupción afecta a todos los niveles del Estado, pero es en el nivel local donde se agrava y perpetúa, por el control fáctico del territorio y la propagación de un clima de miedo e inseguridad frente a cualquier demanda social.

La pobreza estructural es más que evidente en partes de la región, con desequilibrios en el acceso, reparto y consolidación de políticas públicas sobre bienes comunes y estado de bienestar. Fenómenos como desempleo, exclusión, asimetría en la formación, impactos de contaminación, infravivienda, son palpables en franjas y colectivos de población.  Todo ello ha ayudado a consolidar en los últimos 20 años un marco de inestabilidad que tiene varias manifestaciones como por ejemplo la migración, la existencia de una economía sumergida, o la   violencia antes señalada.

¿Es tiempo, por tanto, de prender luces de alarma?  

Es tiempo de reivindicar los elementos clave de sociedad civil, de valores, de sistemas y herramientas ya consolidadas que han ido surgiendo y asentándose en la región en estos años. Es hora también de subrayar los avances de la democracia y sus luces.

En las dinámicas de construcción democrática vía acuerdos de paz, hay signos y jalones andados que implicaron una refundación institucional, con claros elementos que consolidaron seguridad y derechos.  Es fácil observar en la región, señales de este tránsito, como la eliminación de cuerpos de seguridad vinculados a estructuras de represión; la desmovilización de actores armados guerrillas / paramilitares, y su camino hacia partidos políticos o movimientos sindicales.

Se observa la creación de estructuras judiciales para la defensa de los Derechos y restitución de la memoria colectiva e histórica. Todo lo anterior ha provocado cambios en el orden jurídico en diferentes países. Después de este periodo de transición, el marco institucional se ha consolidado en la región, donde se percibe un balance de los poderes institucionales, (ejecutivo, legislativo y judicial) y en donde hay una vigilancia a la par que cierto contrapeso entre sí. Existen libertades políticas donde los conflictos se dirimen en las instancias respectivas.

En los procesos de gobernanza local, las comunidades indígenas, afros y campesinas, están tomando cada vez más fuerza en la reivindicación de derechos humanos y en mecanismos de participación ciudadana. Detrás de ellos, múltiples organizaciones de sociedad civil y la Iglesia Católica contribuyen a la mejora de la democracia a nivel local.

Ante los escándalos de corrupción, la discusión pública en la región ha dado origen a la creación de normas e instituciones que fortalecen la transparencia, la expansión de las redes sociales y la aparición de una ciudadanía más consciente de sus derechos y menos tolerante de la venalidad. Esta participación y representación de intereses antes excluidos, consolida la democracia y con ello mejora el progreso social y reduce las disparidades socioeconómicas.

En las últimas dos décadas, la región ha hecho avances notables en la mejora de niveles de IDH. Se reconoce cierto estancamiento económico en los últimos años por el impacto de la crisis financiera, pero no debe hacernos caer en saco roto el esfuerzo y éxito en la reducción de casi 20 puntos de la pobreza en la región desde 1990; o simplemente que la pobreza extrema hoy es menos de la mitad de lo que era en la década de los noventa. Tras ese progreso social ciertamente hay crecimiento económico, menos visible que hace unos años, pero también hay decisiones en relación a las políticas públicas vía de los aumentos significativo de la inversión social.

Con estas notas positivas, de relatos de esperanza es como queremos reivindicar el rol y papel de las democracias en la construcción social comunitaria en sus diferentes dimensiones.