Acción social23/09/2026

¿Qué hace falta para salir de la explotación sexual?

Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata

Cada 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata. Y cada año volvemos a hablar de las mujeres: de cómo llegaron hasta ahí, de las violencias que han sufrido, de las circunstancias que las rodean. Hay una pregunta que aparece una y otra vez: si está en esa situación, ¿por qué no se va?

Quizá el problema esté precisamente en la pregunta.

Un sitio donde ir

Salir de una situación de explotación sexual no consiste en cerrar una puerta y no volver. Para salir hace falta tener dónde ir y poder sostener una vida fuera. Hace falta vivienda, ingresos, oportunidades laborales, documentación y atención psicológica para afrontar las consecuencias de la violencia, el miedo y el aislamiento.

Además, muchas de las mujeres que acompañamos no se sostienen únicamente a sí mismas. Tienen hijos e hijas, madres, padres u otros familiares que dependen de sus ingresos, aquí o a miles de kilómetros. Por eso, cuando hablamos de salir, estamos hablando de mucho más que de tomar una decisión.

Desde Cáritas Diocesana de Canarias lo sabemos bien: querer cambiar una situación es importante, pero la voluntad no paga un alquiler, no consigue una autorización de residencia, no crea un puesto de trabajo ni hace desaparecer las secuelas de la violencia.

A veces hablamos de libertad de elección como si todas las personas eligiéramos desde el mismo lugar. No se decide igual cuando se tiene vivienda, ingresos, documentación y una red de apoyo que cuando la alternativa es no saber dónde dormir o cómo alimentar a tus hijas e hijos.

Sin embargo, seguimos mirando con lupa las decisiones de las mujeres. Por qué entraron. Por qué permanecieron. Por qué volvieron. Por qué no denunciaron. Por qué no se fueron antes.

Responsabilidad de todos

Y mientras hacemos todas esas preguntas, hay alguien que casi siempre queda fuera de plano: el hombre que paga.

Cuando hablamos de explotación sexual aparecen las víctimas, los proxenetas y las redes criminales. Y después aparece “el cliente”. Una palabra tan normalizada que casi parece describir una transacción cualquiera.

Pero la explotación sexual no existe únicamente porque haya personas dispuestas a enriquecerse con ella. Existe también porque hay una demanda que hace rentable ese negocio. Porque hay hombres dispuestos a pagar para acceder sexualmente al cuerpo de mujeres.

Resulta relativamente fácil condenar a las grandes organizaciones criminales. Más incómodo es mirar lo que tenemos cerca y preguntarnos por qué sigue estando tan normalizado que un hombre pague por sexo o por qué el estigma continúa recayendo sobre las mujeres mientras quien paga permanece prácticamente invisible.

Quizá, entonces, la pregunta para este 23 de septiembre no sea solamente qué necesita una mujer para salir de la explotación sexual, sino también qué estamos dispuestos a cambiar como sociedad para que pueda hacerlo.

Porque una salida necesita vivienda, ingresos, seguridad y oportunidades. Pero si realmente queremos acabar con la explotación sexual, también tendremos que poner el foco en quienes pagan, en quienes se benefician y en una sociedad que durante demasiado tiempo ha convivido con esta realidad como si fuera inevitable.

Fotografía: Cathopic