Paciencia, compromiso y esperanza: el día a día de una cooperante en Haití
Alicia ha desarrollado gran parte de su trayectoria profesional en África Occidental antes de incorporarse al equipo de Cáritas Española para trabajar en el Caribe.
Detrás de cada proyecto de cooperación hay personas que acompañan, coordinan, escuchan y trabajan para que la ayuda llegue a quienes más la necesitan. Es el caso de Alicia Velasco, cooperante de Cáritas Española que acompaña los proyectos que la organización desarrolla en Haití, uno de los países más complejos y vulnerables del mundo.
Licenciada en Filología Hispánica, especializada posteriormente en cooperación internacional y ayuda humanitaria, Alicia ha desarrollado gran parte de su trayectoria profesional en África Occidental antes de incorporarse al equipo de Cáritas Española para trabajar en el Caribe.
Conversamos con ella sobre su vocación, los desafíos de la cooperación en Haití y las lecciones que deja el trabajo diario junto a las comunidades más vulnerables.
Una vocación que nació en el camino
Alicia reconoce que convertirse en cooperante no fue un sueño de infancia ni un camino previamente trazado. Durante sus años universitarios descubrió el mundo de la cooperación internacional y entendió que podía convertirse en una forma de unir distintas pasiones: el trabajo con las personas, el conocimiento de otras culturas y la búsqueda de un impacto positivo en la vida de quienes atraviesan situaciones difíciles.
Antes de llegar a Haití, trabajó en proyectos de cooperación y ayuda humanitaria en países de África Occidental como Mali y Níger. Aquella experiencia sobre el terreno le permitió conocer de cerca realidades muy diversas y reforzó su compromiso con el desarrollo humano integral.
De las letras a la acción humanitaria
Su formación inicial está vinculada al ámbito académico. Es licenciada en Filología Hispánica y especialista en Literatura Barroca. Sin embargo, decidió orientar su carrera profesional hacia la cooperación internacional cursando un Máster en Cooperación Internacional y Ayuda Humanitaria.
A lo largo de los años se ha especializado en la gestión de proyectos relacionados con salud, nutrición, seguridad alimentaria y fortalecimiento de capacidades de organizaciones locales, ámbitos fundamentales para mejorar las condiciones de vida de las comunidades más vulnerables.
No existen los días “normales”
Cuando se le pregunta cómo es una jornada habitual, Alicia sonríe. En cooperación, explica, los días raramente son iguales.
Gran parte de su trabajo consiste en coordinar proyectos junto a los equipos locales, revisar presupuestos, analizar informes técnicos y financieros, mantener reuniones y garantizar que las actividades previstas se desarrollen correctamente.
Pero también están los días de terreno, los que más disfruta. Son jornadas dedicadas a visitar comunidades, participar en reuniones con líderes locales, acompañar clínicas móviles o supervisar distribuciones de ayuda. Es en esos momentos cuando el trabajo administrativo cobra verdadero sentido.
“Cuando visitas una comunidad y compruebas que una familia tiene acceso a alimentos, atención sanitaria o formación gracias a un proyecto, entiendes realmente el impacto de lo que estamos haciendo”, explica.
La fuerza de las personas
Para Alicia, una de las mayores recompensas de su trabajo es la oportunidad de conocer personas extraordinarias.
Durante su trayectoria ha encontrado comunidades capaces de afrontar enormes dificultades con creatividad, resiliencia y una gran capacidad de organización. También destaca la labor de los equipos locales, cuyo compromiso resulta esencial para que los proyectos funcionen y lleguen a quienes más los necesitan.
Esa cercanía permite comprobar que detrás de cada presupuesto, reunión o informe existe una realidad concreta y personas cuya vida puede mejorar gracias al trabajo conjunto.
Trabajar entre enormes desafíos
Sin embargo, la cooperación también implica afrontar dificultades diarias.
Alicia señala que uno de los mayores retos es la distancia existente entre las necesidades de la población y los recursos disponibles para responder a ellas. En Haití, además, las condiciones de seguridad hacen especialmente complejo el trabajo humanitario.
Cada desplazamiento requiere una planificación rigurosa y un análisis previo de los riesgos. A ello se suman las dificultades derivadas de un contexto donde los servicios básicos funcionan de manera irregular y donde muchas familias conviven con carencias extremas.
“Hay momentos en los que resulta frustrante saber que las necesidades son inmensas y que no siempre podemos llegar tan lejos o tan rápido como nos gustaría”, reconoce.
Haití: acompañar sin simplificar
Preguntada por los desafíos específicos de trabajar en el país, Alicia insiste en la importancia de comprender la complejidad de Haití sin caer en simplificaciones.
Además de los retos de seguridad, resulta fundamental garantizar que la ayuda llegue efectivamente a las personas más vulnerables, manteniendo criterios de transparencia, calidad y rendición de cuentas.
Pero para ella existe también un desafío humano imprescindible: escuchar a las comunidades y acompañar a los equipos locales, que conocen mejor que nadie la realidad del territorio y sostienen día a día la acción de Cáritas.
Una lección en la frontera
Entre sus primeras experiencias en la región recuerda una anécdota que resume perfectamente la importancia de la paciencia en el trabajo de cooperación.
Durante uno de sus primeros intentos de cruzar la frontera hacia Haití, llegó convencida de que todos los permisos estaban preparados. Sin embargo, cada vez que preguntaba por la persona responsable de autorizar su paso, le indicaban un lugar diferente.
Tras varias idas y venidas bajo el intenso calor caribeño, descubrió algo tan inesperado como divertido: la persona a la que había estado buscando durante toda la mañana era precisamente quien la atendía al otro lado de la ventanilla. Habían hablado varias veces sin darse cuenta de que se estaban buscando mutuamente.
Aquel episodio terminó convirtiéndose en una valiosa enseñanza.
“Aprendí dos cosas importantes: que en cooperación hay que tener mucha paciencia y que el sentido del humor es una herramienta de trabajo casi tan importante como el ordenador”.
Construir esperanza junto a las comunidades
La experiencia de Alicia Velasco recuerda que la cooperación internacional es, sobre todo, un trabajo de acompañamiento. Un compromiso cotidiano que se construye junto a las comunidades, escuchando sus necesidades, fortaleciendo sus capacidades y apoyando sus propios procesos de desarrollo.
En contextos complejos como el de Haití, donde las dificultades son numerosas, el trabajo de los equipos locales y de los cooperantes sigue siendo una fuente de esperanza para miles de personas que luchan cada día por construir un futuro mejor.

