08/09/2026

Hoy celebramos el Día del Cooperante

Cada semana conoceremos la historia de uno de los cooperantes de Cáritas Española: cómo es su día a día, qué les llevó hasta allí, cuáles son los retos a los que se enfrentan. Y comenzamos con Manu, cooperante de Cáritas Española en Colombia y Venezuela, que este año cumple 20 años trabajando como cooperante.

Los cooperantes son personas que trabajan lejos de casa, acompañando a comunidades que atraviesan situaciones de conflicto, pobreza, desplazamiento o emergencia. Personas que escuchan, aprenden, comparten conocimientos y, sobre todo, están.

Por eso, durante este mes queremos ponerles rostro y voz. Cada semana conoceremos la historia de uno de los cooperantes de Cáritas Española: cómo es su día a día, qué les llevó hasta allí, cuáles son los retos a los que se enfrentan y, especialmente, qué aprenden de las personas y comunidades a las que acompañan.

Y comenzamos con Manu, cooperante de Cáritas Española en Colombia y Venezuela, que este año cumple 20 años trabajando como cooperante.

Su historia con Cáritas comenzó en 2005, cuando, después de terminar un máster en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos, tuvo la oportunidad de hacer voluntariado en los Servicios Generales de Cáritas Española. Allí empezó a aprender a formular proyectos, elaborar informes, justificar presupuestos o planificar intervenciones. Pero aprendió algo más importante: una manera de trabajar vinculada al compromiso, el cuidado y la dignidad de las personas.

Después llegaron otros destinos y experiencias como cooperante en Nicaragua, República Dominicana y Colombia. Durante todos esos años siguió pendiente de Cáritas y con el deseo de regresar algún día. La oportunidad llegó en 2025, cuando se incorporó como cooperante para Colombia y Venezuela.

“De alguna manera, 20 años después de aquella primera experiencia de voluntariado, volví al lugar donde había empezado todo”.

Para Manu fue cerrar un círculo y, al mismo tiempo, comenzar una etapa nueva.

¿Y cómo es el día a día de un cooperante?

Para él, la respuesta es sencilla: no existen dos días iguales.

Puede estar en Bogotá revisando proyectos, preparando una formulación o reuniéndose con los equipos de Cáritas Colombiana y, al día siguiente, viajar a algún territorio de Colombia o Venezuela para encontrarse con comunidades y equipos locales.

Puede recorrer en lancha el Pacífico colombiano para llegar a una comunidad remota afectada por el conflicto armado o visitar, cerca de Caracas, una zona que sufrió una catástrofe y ha tenido que reconstruirse poco a poco.

“Cada contexto tiene su propia historia, sus propios dolores y también sus propias formas de resistencia”.

¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

La respuesta de Manu vuelve a llevarnos a las personas.

“Lo que más me gusta es el trabajo con la gente”.

Porque, aunque buena parte de su día a día está dedicada a la gestión, los proyectos, la coordinación o los informes, nada de eso tendría sentido sin las personas que hay detrás.

Escuchar, comprender y acompañar procesos. Descubrir que detrás de cada proyecto no hay únicamente actividades e indicadores, sino historias, rostros, nombres, familias, comunidades y esperanzas.

Y también aprender de los equipos locales, que conocen el territorio y permanecen junto a las comunidades incluso en los momentos más difíciles.

Pero esa cercanía es también una de las partes más duras de su trabajo.

Manu ha conocido de cerca comunidades que viven en medio del conflicto armado, el desplazamiento, el confinamiento, la pobreza o la falta de oportunidades. Ha escuchado a personas que han tenido que abandonar sus hogares, que han perdido familiares o que viven con miedo.

Y ha tenido que asumir que, muchas veces, las respuestas son limitadas frente a necesidades enormes.

Sin embargo, es precisamente en esos lugares donde también ha descubierto algo que le sigue impresionando: la capacidad de las personas para seguir adelante, conservar su dignidad y mantener la esperanza incluso en las situaciones más difíciles.

En Colombia, uno de sus principales retos es trabajar en territorios donde continúan las consecuencias humanitarias del conflicto armado: desplazamientos, confinamientos, amenazas, restricciones a la movilidad o presencia de grupos armados. Una realidad que exige prudencia, adaptación y una estrecha coordinación con las organizaciones locales y con la Iglesia.

En Venezuela ha vivido además una de las experiencias profesionales y personales más duras de su trayectoria: la respuesta humanitaria tras los terremotos de junio de 2026. Allí acompañó a Cáritas Venezuela y a sus equipos diocesanos en la atención de necesidades urgentes de alimentación, agua, salud, alojamiento y protección.

Una experiencia que le recordó la importancia de responder con rapidez sin perder nunca la calidad, la coordinación y, sobre todo, la cercanía con las personas.

Después de 20 años como cooperante, Manu resume uno de los grandes aprendizajes de su trayectoria en algo aparentemente sencillo: saber estar.

“Estar cerca, escuchar antes de proponer, acompañar sin sustituir”.

Porque la cooperación no consiste en llegar desde fuera con soluciones ya diseñadas. Son las organizaciones y las comunidades locales quienes conocen el territorio, cuentan con la confianza de la población y permanecen cuando los cooperantes se marchan. La tarea del cooperante es acompañar, fortalecer sus capacidades y poner recursos y conocimientos a su servicio.

Y entre situaciones difíciles también quedan momentos que Manu recuerda con una sonrisa. Como aquella vez en Chocó en la que, después de dos aviones, un autobús y una lancha, llegó agotado a su destino. Allí le esperaba un sacerdote amigo, impecablemente vestido con sotana pese a los más de 40 grados, para recogerle en moto.

Desde aquel día, en algunos lugares dejó de ser “Manu, el cooperante” para convertirse en “el amigo del cura”.

Porque la vida de un cooperante está hecha de proyectos, informes y reuniones, pero también de caminos difíciles, lanchas, motos, cafés compartidos, conversaciones y personas que abren las puertas de sus casas y comparten sus historias.

Este mes seguiremos conociendo algunas de ellas.