Cooperación internacional26/02/2026

Hambre

En el Kivu, el hambre no es amenaza sino realidad diaria. La inseguridad y el conflicto empujan a niños y familias al abismo.

Desgraciadamente, desde hace muchos años (hay más de una generación que no conoce otra cosa), para miles, millones, de personas en el Congo (como en otros lugares de África), la preocupación prioritaria y el esfuerzo más importante cada día consiste en intentar gozar de una comida digna, ¡una sola al día! para ellas mismas y para sus familias.

El hambre para ellas no es esa sensación de urgencia y casi placentera, porque nos hace saber la proximidad de la hora de saciarla con satisfacción y abundancia, sino una de las constantes inevitables que acompaña su experiencia de lo que es el día a día en su mundo, en una realidad tejida de precariedad, miseria, incertidumbre e impotencia.

No es, pues, una novedad ni una sorpresa, que la malnutrición, la enfermedad y la carencia de medios sea, más que una amenaza, una maldición endémica en estos lugares; y que la vida de un niño, como la de un adulto, sea tan frágil y arriesgada, que sucumba irremediablemente ante la más leve alteración del equilibrio a cualquier nivel: desastre natural, sequía o inundaciones, cambio climático, conflictos sociales y políticos, cese de la ayuda internacional, o guerras (reconocidas o no como tales, “oficiales” o clandestinas…). La precariedad de la vida es tal, que un mínimo desequilibrio, leve e imperceptible en apariencia, desencadena una catástrofe humanitaria, y lo que era “simplemente” una triste experiencia crónica e irremediable se convierte en una imposibilidad de vida y en una condena a muerte.

Renunciando a entrar ahora en la hipocresía y falta de escrúpulos que condiciona la dependencia impuesta a estos países y regiones, y el vergonzoso cinismo de las relaciones internacionales, que nos convierten a todos en depredadores y homicidas, lo único cierto es que, como en otros lugares, aquí en el Kivu, porque escribo desde Bukavu, en este final de febrero de 2026, tras casi un año de “ocupación pacífica”; tras soportar alternativamente la nefasta y odiosa administración de un gobierno “legítimo” corrupto, incompetente y traicionero, y su posterior sustitución por la solapada invasión del país vecino, justificada teóricamente como garantía de paz y mantenedora del orden, pero cruel y despiadada, controladora y de ejecución sumaria; la situación se ha ido degradando hasta el punto de haber inclinado la balanza del hambre al abismo del marasmo y de la muerte. La inseguridad de las personas, la dificultad para mantener la producción agrícola de mera subsistencia y asegurar las cosechas, los enfrentamientos y represalias, la imposibilidad de comunicaciones y comercio, el desabastecimiento de los mercados locales y la parálisis económica, y la insultante y despiadada supresión de la ayuda oficial, conduce forzosa y lamentablemente al colapso, a una intolerable resignación, y a la inanición.

Pero, ¿qué le importa al mundo que la semana pasada sólo en el Hospital de Bukavu murieran cuatro niños de hambre, de entre los ochenta “afortunados” que, gravemente desnutridos, han tenido la suerte de poder ser hospitalizados en su Centro de Nutrición?…

Qué contradicción, qué culpabilidad y qué vergüenza, que después de un siglo; y, a pesar de seguir encarnizadamente actuando como depredadores de este continente, siga habiendo un fantasma que recorre el África: ¡el Hambre!