Cristina Castro, cooperante de Cáritas Española en Etiopía
“Me gusta sentir que mi trabajo puede contribuir a construir una realidad más justa”
Cristina es nuestra cooperante en Etiopía. Según cuenta, llegó a Cáritas en un momento de cambio profesional. “Mis primeras prácticas como trabajadora social las realicé en una Cáritas Diocesana durante los últimos años de la crisis económica de 2008. Aquella experiencia me marcó profundamente porque atendíamos a muchas familias a las que los servicios sociales no conseguían llegar. Las necesidades desbordaban cualquier capacidad de respuesta y, aun así, Cáritas conseguía acompañar, aliviar y dar esperanza a personas que atravesaban situaciones muy difíciles” relata Cristina.
Trece años después, cuando vio la oportunidad de incorporarse al equipo de Cooperación Internacional de Cáritas Española, recordó “la acogida, la confianza y la oportunidad” que le dieron al comienzo de su carrera profesional. “Sentí que era el momento de cerrar un círculo y decidí dar el salto”, explica.
¿Qué es lo mejor del trabajo de cooperación?
Lo que más me gusta es sentir que nuestro trabajo puede contribuir, aunque sea de forma modesta, a construir una realidad más justa para las personas.
Muchas de las comunidades con las que trabajamos sufren las consecuencias de decisiones que nunca han estado en sus manos: conflictos, crisis climáticas, desigualdades o pobreza estructural. Poder acompañarlas, fortalecer sus capacidades y contribuir a que tengan más oportunidades es, probablemente, la parte más gratificante de este trabajo.
Y lo más difícil…
Asumir que no siempre podemos hacer todo lo que nos gustaría. A veces ponemos todo nuestro esfuerzo, conocimiento y dedicación y, aun así, los recursos disponibles no son suficientes para responder a todas las necesidades que encontramos. Aprender a convivir con esa sensación es una de las partes más difíciles de esta profesión.
¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta un cooperante en Etiopía?
A nivel externo, estar rodeada de pobreza. La mendicidad infantil forma parte del paisaje cotidiano y resulta especialmente duro ver cómo muchos niños y niñas crecen en situaciones de enorme vulnerabilidad.
En el plano personal, para mí uno de los mayores retos ha sido ser mujer. En determinados contextos todavía es necesario demostrar tu capacidad profesional.
Desde el punto de vista institucional, el gran desafío es que las necesidades siempre superan a los recursos disponibles. Saber que podríamos hacer mucho más si contáramos con mayor financiación es una sensación constante.
Y, en el ámbito profesional, echo en falta mecanismos de protección similares a los que tienen otros trabajadores públicos españoles destinados en el exterior, que proporcionan una mayor cobertura y respaldo ante determinadas situaciones.
Alguna anécdota que nos puedas contar…
Una de las anécdotas que más recuerdo ocurrió revisando una propuesta de proyecto de medios de vida. Leí que se pretendía adquirir “rumiantes genéticamente mejorados y más resistentes al cambio climático”. Mi imaginación echó a volar y pensé que hablábamos de algún tipo de innovación biotecnológica revolucionaria.
Como no tengo formación científica, pasé varios días leyendo artículos sobre genética animal intentando entender cómo era posible aquello. Cuanto más leía, menos claro lo tenía. Hasta que una compañera, entre risas, me explicó que simplemente se referían a razas obtenidas mediante cruces ganaderos tradicionales para mejorar determinadas características, algo que los pastores llevan haciendo desde hace generaciones. Toda la ingeniería molecular que yo había imaginado desapareció en cuestión de segundos.

