Centros infantiles de Cáritas Ucrania: refugios de cuidado en pleno invierno
En Ucrania, los espacios infantiles de Cáritas continúan ofreciendo seguridad, acompañamiento y esperanza incluso en las condiciones más difíciles.
En pleno cuarto año de guerra, Ucrania afronta uno de los inviernos más duros de las últimas décadas. Heladas extremas, nieve acumulada y ataques sistemáticos contra las infraestructuras energéticas han dejado a miles de familias sin electricidad, agua ni calefacción. En este contexto, los centros y espacios infantiles de Cáritas Ucrania siguen siendo un refugio de protección, cuidado y esperanza para la infancia.
La red cuenta con 39 centros sociales infantiles y Espacios Amigos de la Infancia. Además, hay otros 51 espacios “Espacio de Felicidad” de Cáritas equipados en escuelas de seis regiones. A lo largo del año, más de 26.000 niños y sus familias participan en estas actividades.
Cada día, pedagogos sociales, trabajadores sociales, psicólogos, logopedas y animadores desarrollan actividades en estos centros y espacios de Cáritas que ayudan a los niños a afrontar el estrés y la pérdida, a sentirse seguros y acompañados, a compensar carencias educativas, a volver a confiar en los adultos y a estar con otros niños incluso en las condiciones más duras de la guerra.
Las heladas y los ataques de Rusia contra el sector energético coincidieron con el final de las vacaciones de Navidad y Año Nuevo y del descanso escolar en Ucrania. En función de la situación, algunas regiones prolongaron las vacaciones, mientras que otras implantaron la enseñanza a distancia.
Garantizar espacios seguros para la infancia en contextos de emergencia
Marina Martynenko, responsable del proyecto “Resiliencia y Desarrollo” de Cáritas Ucrania, implementado por Cáritas Odesa, Cáritas Ternópil y Cáritas Jmelnitski en cooperación con 36 escuelas, explica:
“Veinticuatro de nuestras escuelas y, por tanto, de los espacios de Cáritas, funcionan de manera presencial, y doce a distancia. En Jmelnitski: seis presenciales y seis en línea; en Ternópil: diez presenciales y dos a distancia; en la región de Odesa: todas funcionan de manera presencial”. Cada comunidad decide de forma independiente el formato educativo, en función de la situación de la calefacción y la electricidad, así como de las condiciones meteorológicas.
“Los niños que no asisten a la escuela de forma presencial a menudo no tienen a dónde ir”, señala Mariana Solomchak, trabajadora social y psicóloga del proyecto “Nuevo Hogar Seguro” de Cáritas de la diócesis de Sambir-Drohobych. “Quieren acudir al centro en cualquier circunstancia, incluso si el local está frío. Están dispuestos a sentarse con los abrigos puestos”.
En muchos edificios de la red de Cáritas local, la calefacción depende del suministro eléctrico, y las salas no llegan a calentarse, ya que la electricidad solo se proporciona durante 2 o 3 horas según el horario establecido.
Nadiia Ulishak, coordinadora del proyecto “Preparar a niños y jóvenes para el futuro” de Cáritas Lubny, explica que en su edificio la electricidad solo está disponible durante una hora u hora y media. Existe la necesidad de contar con un generador o un inversor, pero no hay fondos previstos para su compra y mantenimiento.
“Muchos Espacios Amigos de la Infancia de Cáritas no pueden desarrollar actividades completas en este momento”, confirma Halyna Yadzhak, experta del programa “Educación, formación y protección de la infancia” de Cáritas Ucrania, que trabaja con 16 espacios dentro de los proyectos Emergency Appeal, NIN, ECHO y PULSE. “Algunos no tienen calefacción; otros presentan graves problemas de electricidad y no cuentan con la posibilidad técnica de instalar un generador: no hay un lugar adecuado”.
Para los espacios con locales fríos y baja asistencia, Halyna recomienda mantener el contacto con las familias de forma online. Así trabaja, por ejemplo, Cáritas Kramatorsk, que acompaña a niños que permanecen en la región de Donetsk a través de actividades en línea, mientras que en Zhovti Vody un Espacio Amigo de la Infancia funciona de forma presencial y acoge a niños locales y desplazados internos.
Entre los problemas técnicos que dificultan el trabajo con la infancia se encuentran también los radiadores congelados y la falta de suministro de agua. Esta es precisamente la situación actual en la oficina de Cáritas Chernivtsi: +4 °C en el interior y sanitarios fuera de servicio.
“La oficina central se trasladó a un café inclusivo, pero allí es imposible organizar actividades infantiles: hay poco espacio. Por eso, los pedagogos y trabajadores sociales trabajan en formato itinerante, mientras que los logopedas y psicólogos realizan consultas individuales. Estamos buscando un lugar donde podamos reunir a los niños del barrio para una sesión grupal, un taller o una actividad temática”, explica Ivanna Nahirniak, coordinadora del proyecto “Preparar a niños y jóvenes para el futuro” de Cáritas Chernivtsi.
Hay lugares con dificultades menos evidentes, pero igualmente casi insuperables. En Cáritas Odesa, a pesar de contar con locales cálidos y electricidad procedente de un generador, muchos niños no llegan a los espacios. El motivo es el transporte: debido a los cortes de electricidad en la ciudad, el transporte público eléctrico ha dejado de funcionar.
“Los autobuses ahora cubren las rutas de trolebuses y tranvías, pero hay muchos menos y los horarios no están claros. Tomar un taxi es un lujo inasumible para las familias en situación de vulnerabilidad, por lo que los padres no llevan a sus hijos”, aclara Viktoriia Proskurnia, coordinadora del proyecto “Preparar a niños y jóvenes para el futuro” de Cáritas Odesa.
En algunas regiones la situación es algo mejor. Las coordinadoras de los proyectos “Prosperar en medio de la tormenta” de Cáritas Ternópil y Cáritas Poltava explican que sus locales cuentan con calefacción individual y suficiente suministro eléctrico, por lo que los centros infantiles invitan a niños y familias no solo a participar en actividades, sino también a resguardarse del frío, tomar té caliente y recargar dispositivos electrónicos.
“La asistencia a las actividades de padres e hijos ha aumentado”, afirma Alina Muts, coordinadora del proyecto “Prosperar en medio de la tormenta” de Cáritas Ternópil. “Muchas familias no tienen estaciones de carga potentes en casa y la calefacción está apagada, así que los padres traen a sus hijos y se quedan ellos mismos”.
A pesar de la difícil situación de seguridad, el equipo de Cáritas Jersón impresiona por su capacidad de adaptación y su resiliencia interior. Allí se ha ideado un formato original de actividades para padres e hijos: encuentros al aire libre con barbacoas. “Invitamos a padres e hijos, cocinamos y comemos juntos, conversamos… es una interacción muy viva e informal. Por fin, los padres empiezan a hablar”, comparten los profesionales.
Todas estas historias hablan de una misma realidad: incluso entre el frío y la oscuridad, los equipos de los centros infantiles y Espacios Amigos de la Infancia de Cáritas permanecen cerca de los niños y de las familias. Cada día se adaptan a la realidad, manteniendo siempre el principio fundamental: la seguridad de la infancia por encima de todo.

