Cáritas recuerda que el acceso a la alimentación es un derecho humano
El 16 de octubre celebramos el Día Mundial de la Alimentación
Millones de personas en España no pueden pagar una alimentación nutritiva y de calidad, principalmente por los elevados precios de una cesta básica. Por ello, el insuficiente acceso a un derecho fundamental como es el derecho a la alimentación, es una gran preocupación para Cáritas. Esta es una dimensión fundamental de trabajo en los procesos de acción social que trabajamos tanto en el ámbito nacional como internacional.
Debemos comprender las interrelaciones que existen entre lo que comemos con el mundo rural. Cada vez son más las grandes empresas que se encargan de la agricultura, de generar (y en algunos casos crear) lo que comemos, con lo que ello supone de falta de reconocimiento a quien lo trabaja. Las explotaciones extensivas se preocupan más por los beneficios y no tanto por la calidad del producto, frente a agrupaciones agroecológicas que cuidan la salud de la tierra y de las personas.
También hay que recordar la relación entre la alimentación y los problemas de salud de la población debido a dietas pobres en productos frescos, principalmente fruta y verdura, o al aumento del consumo de alimentos ultraprocesados o el exceso de proteínas animales o de dietas hipercalóricas. Comer mal es más barato que comer sano.
Tenemos evidencias científicas que una insuficiente y mala alimentación, unido al conjunto de contaminantes digeridos, suponen el aumento de enfermedades cardiovasculares, sobrepeso y obesidad, diabetes, e incluso algún tipo de cáncer. Esa realidad se agrava en la población infantojuvenil, una niña o un niño con obesidad si no se corrige será una persona adulta con problemas de salud.
Y no solo hablamos de problemas de salud física, también de salud emocional, déficits de atención por una dieta de baja calidad, preocupación y ansiedad ante la percepción de no saber cómo resolver la situación…
Inseguridad alimentaria en España
Y como siempre, ¿dónde incide esta problemática con mayor crudeza? En las poblaciones más vulnerables. El 11,6% de los hogares españoles sufre algún tipo de inseguridad alimentaria. Según los datos extraídos del monográfico sobre inseguridad alimentaria del IX Informe Foessa:
- Inseguridad alimentaria leve: un 4,5% de hogares sufre una reducción de la calidad de su alimentación, no poder consumir alimentos sanos o nutritivos.
- Un 5,7% de hogares experimenta inseguridad alimentaria moderada: incertidumbre para llevar una dieta saludable, además se ven obligados a reducir la cantidad de alimentos consumidos, incluyendo prácticas como saltarse comidas.
- La inseguridad alimentaria grave afecta al 1,4% de los hogares: Se sobrepasa el umbral establecido por estar sin comer días enteros.
El hambre en el mundo
Detrás de estos números no olvidamos que hay rostros, hay hogares con hijas e hijos… Y si miramos fuera de nuestras fronteras, el panorama internacional es similar y en muchos lugares peor. Porque seguimos hablando de millones de personas que padecen hambre, actualmente más de 645 millones, encontrando en África el 56% de esta población, seguida de un 20% en América y destacando un 4.8% en el Caribe, centrado sobre todo en Haití, un país que no ha remontado desde 2010 y que ahora mismo vive un ciclo de abandono e invisibilidad.
En Asia hay un 6% de la población en esta calificación. Es posible decir que el hambre mundial disminuye, pero estamos lejos de la erradicación propuesta para el 2030. Una alimentación equilibrada sigue siendo inaccesible para millones de personas. Una de cada cuatro personas en el mundo, sufre inseguridad alimentaria.
Cáritas y el derecho a la alimentación
Cáritas trabaja en todo el mundo para mejorar el acceso a la alimentación, para aumentar la oferta de alimentos nutritivos, mejorar los cultivos, crear graneros, etc.
Además, sigue reclamando
- El reconocimiento de la alimentación como derecho, y los procedimientos efectivos para que las administraciones asuman esta responsabilidad garantista.
- Que las personas tengan conciencia que son perceptoras de derecho -que no se trata de un privilegio o regalo-, y por tanto que ante una posible vulneración tengan la información suficiente para reclamar donde corresponda.
- Que la alimentación no se convierta en otro factor de desigualdad social y de pérdida de calidad de vida de las personas.
- Que ninguna persona sienta el estigma para acceder a este derecho, para ello es necesario erradicar la donación de productos en especie, para que cada quien pueda hacer la compra como lo hace el resto de la ciudadanía, en establecimientos dedicados a tal fin.
- El apoyo de las administraciones para que los huertos agroecológicos se conviertan en otra estrategia que garantice la soberanía alimentaria y la autonomía de las personas y de las familias.
- Políticas públicas valientes, coherentes, decididas y ambiciosas, que pongan en el centro la salud de las personas.
- Un consumo personal más sostenible, ecológico que cuide de nuestra salud y de la salud del planeta.

