“Cáritas me ha ayudado a ser una mujer líder”
Con motivo del Día de la Mujer, hablamos con Elizabeth Mwinja Hamuli, líder comunitaria en la República Democrática del Congo.
Cáritas Española apoya desde hace años los Comités Locales de Organización Comunitaria (CLOC,) que Cáritas Bukavu y Cáritas Kasongo pusieron en marcha en la República Democrática del Congo.
Los CLOC se crean mediante elecciones en las comunidades para identificar y denunciar violaciones de derechos humanos, garantizando la participación equilibrada de hombres y mujeres y mejorando las capacidades locales para el diálogo y la resolución pacífica de conflictos.
Una de estas mujeres es Elizabeth Mwinja Hamuli, coordinadora del CLOC en la aldea de Cishugi. Hemos hablado con ella del papel de la mujer en las comunidades rurales del Congo y de su trabajo como lideresa, un rol tan excepcional como necesario en África.
Antes del proyecto CLOC, ¿ya estaba comprometida con su comunidad?
Antes de ser miembro de CLOC, era ama de casa. Me ocupaba de mis hijos y mi marido, así como de las tareas del campo. No tenía ninguna responsabilidad comunitaria por tres razones: no sabía que una mujer podía ocupar un puesto de este tipo en la comunidad a pesar de mis estudios; solo los hombres tenían derecho a ocupar puestos de responsabilidad [una mujer no debía hablar en un grupo, y menos aún si había hombres presentes]; y no conocía la ley, especialmente los derechos de la mujer.
Algunos hombres, entre ellos nuestro pastor, le decían a mi padre que estaba malgastando su dinero al enviarme a la escuela y que debería utilizar ese dinero para comprar vacas.
¿Cómo se convirtió en miembro de Cáritas/CLOC?
Un día estaba en casa y oí un aviso por megáfono de que se iba a organizar una barza [reunión comunitaria] en el pueblo. Sentí curiosidad por saber de qué se trataba. Cuando llegué, presenté mi candidatura y fui elegida para el CLOC. Nos dijeron que los miembros del CLOC debían ayudar a difundir y defender los derechos humanos, especialmente de las mujeres, informar a otras mujeres sobre sus derechos, luchar contra la violencia de género y facilitar las mediaciones. Estas actividades fueron las que me motivaron a presentar mi candidatura.
¿Cómo ha cambiado Cáritas su vida y su liderazgo como mujer en la comunidad?
Cáritas y el CLOC me han ayudado a convertirme en una mujer líder a través de la formación. Me daba vergüenza y miedo hablar en público y he ido a cursos para mejorar la comunicación. Gracias a la formación he podido conoce mis derechos, defenderlos, respetar los derechos de los demás y defender a otras personas cuyos derechos han sido violados. La formación sobre resolución pacífica de conflictos me ha ayudado, en cierta medida, a devolver la paz a la comunidad. También me he ganado el respeto de mi familia y de las autoridades locales, hasta el punto de nombrarme asesor en el comité de la subaldea.
Estoy muy orgullosa de una campaña de sensibilización que pude hacer ante el jefe de la aldea para solucionar el problema de los ganaderos que destruían las plantas de los agricultores.
Todas estas actividades me han permitido estar en contacto con las autoridades locales y hablar en público y ante los hombres.
¿Qué ha logrado para su comunidad gracias a su liderazgo?
He ayudado a mi comunidad en muchas cosas: sensibilización sobre varios temas de interés comunitario; asistencia psicosocial, ya que tengo estudios y el título oficial de esta especialidad, y resolución pacífica de conflictos a través de la mediación. Además, me ocupo de temas de defensa. El pasado año un miembro del CLOC y yo fuimos a ver a las autoridades actuales por el caso de la detención de un joven en el pueblo. Pensé que, dado que tengo conocimientos sobre los derechos de los presos, podría defender a este chico que había sido detenido. Nos reunimos con las autoridades actuales, hablamos con ellas sobre el caso de este joven y, tras nuestra defensa, fue puesto en libertad.
Antes del CLOC, ¿qué dificultades tenían las mujeres de su comunidad?
Las mujeres teníamos muchas dificultades en nuestra comunidad. No conocíamos nuestros derechos y nos veíamos obligadas a cumplir con las costumbres, aunque estas fueran contrarias a la ley y, en ocasiones, discriminatorias. Ni siquiera podíamos presentarnos ante los hombres: en un grupo de hombres, las mujeres no teníamos cabida.
Poor eso pido que Cáritas siga acompañándonos para que podamos continuar siendo útiles a nuestras comunidades, y que abra otros CLOC en otros entornos para promover el liderazgo de la mujer y el bienestar comunitario.

