Caminando juntas: cuando la exclusión tiene rostro de mujer
En el acompañamiento diario de las mujeres que participan en el programa “caminando juntas” de Granada nos encontramos con una realidad cada vez más preocupante, detrás de los procesos de exclusión que atendemos hay historias de vida marcadas por las desigualdades, la violencia, los duelos y la falta de oportunidades.
Muchas de las mujeres que llegan a nuestros espacios sostienen solas a su familia, son madres que cargan con la responsabilidad de sacar adelante a sus hijas e hijos, incluso tienen que enviar dinero a sus países de origen, mientras intentan reconstruir su proyecto de vida, viven con la sensación de tener que poder con todo, de tener que aguantarlo todo, sin apenas contar con una red de apoyo. La sobrecarga atraviesa sus vidas, nos encontramos con mujeres que tiene que renunciar a formarse, a aceptar un trabajo porque no tienen con quien dejar sus hijos e hijas, que cuidan de todos excepto de ellas mismas olvidando incluso su salud. Esto va limitando sus oportunidades y sus opciones de futuro.
Después de los procesos que acompañamos cuando logran acceder al mercado laboral, muchas veces lo hacen en condiciones muy precarias, limpieza, cuidados, servicio doméstico, con horarios difíciles de conciliar salarios bajos y poca estabilidad, trabajos con los que sobreviven pero que no ofrecen la seguridad necesaria para salir de la exclusión , a todo esto se suma una de las preocupaciones más angustiantes que comparten con frecuencia : la vivienda, en estos momentos es hasta difícil encontrar una habitación en la que vivir con sus hijos e hijas , encontrar un alquiler asequible se convierte en una pesadilla , las garantías que se exigen , los precios y sus escasos ingresos les cierran muchas puertas , esto genera miedo a no poder sostener a la familia , una gran fragilidad y mucha incertidumbre .
Desde el acompañamiento que hacemos en caritas no solo vemos las necesidades materiales, escuchamos el cansancio, la preocupación, los miedos, pero al mismo tiempo vemos la enorme capacidad que tienen las personas y lo lejos que han llegado como continúan luchando cada día para tener una estabilidad y mejorar sus vidas, también las de sus hijas e hijos en contextos muy adversos.
Por eso, incorporar una mirada de género en la intervención social no es solo una cuestión técnica , sino una necesidad para comprender mejor las desigualdades que atraviesan estas historias y así poder dar respuestas más justas que permitan a la mujeres recuperar seguridad , autonomía y esperanza para su futuro.

