Análisis y reflexión30/10/2019

Cambiar en profundidad la vida de los más pobres

Tras los incendios que arrasaron los asentamientos de temporeros en Lepe, compartimos una reflexión que enlaza la situación de cientos de trabajadores en la provincia con un nuevo enfoque de la lucha contra la pobreza.

Leía hace unos días un interesante artículo sobre tres economistas que han sido galardonados con el Nobel de Economía de 2019. Son Abhijit Banerjee (indio), Esther Duflo (francesa) y Michael Kremer (norteamericano) y todos ellos han destacado por darle un nuevo enfoque a la lucha contra la pobreza. Me sorprende que no inventan nada nuevo en apariencia, sino que vienen a constatar que no hay recetas milagrosas ni mágicas: que en ocasiones para solucionar el todo hay que ir a lo pequeño, a la parte, porque la pobreza tiene un rostro complejo, adopta múltiples formas y en ella intervienen innumerables factores culturales, económicos, geográficos, políticos.

El artículo destaca que en contraposición con aquellos que trataban de cambiar el mundo desde el sofá, estos tres galardonados optaron por remangarse y sudar en el terreno para comprender la realidad. De esta forma, ellos, tras destacar que no existe ni una causa concreta ni un culpable concreto como muchas veces tratamos de buscar desesperadamente para exigir responsabilidades, abogan por determinar qué funciona y qué no funciona mediante experimentos concretos. Así, manifiestan que “La lucha contra la pobreza consiste en combatir, con paciencia y deliberación, los muchos problemas que hacen que la vida de los pobres sea difícil: las malas escuelas, el agua sucia, las enfermedades infecciosas, los caprichos del clima y otros desastres naturales, el saneamiento deficiente, la falta de habilidades, la corrupción a pequeña escala, los baches de una carretera. La lista es interminable”. Y siguen explicando, “Nuestra ambición para nada es modesta, es cambiar el mundo. Queremos cambiar en profundidad la vida de los más pobres, proporcionando a quienes toman las decisiones políticas los medios que permitan inventar y elegir las políticas más eficaces para ayudarlos a superar sus problemas”.

Enlazo este artículo cuya lectura, sin duda, recomiendo, con una de las situaciones que, perfectamente, podríamos llamar de pobreza y que viven muchas de las personas que vienen a trabajar a nuestra Huelva: quienes viven en los asentamientos y carecen de un hogar digno. Para muchos de nosotros no es nuevo este tema y quizás por no ser nuevo parece que nos acostumbramos a ello, nos desvinculamos de esa experiencia real y que afecta a muchas personas en nuestros pueblos. Vivencias que les desarraigan de su cultura y su familia para busca una vida mejor y que al llegar aquí se ven apartados por la sociedad.

Para solucionar el todo hay que ir a lo pequeño

Seguro que estáis al tanto de las noticias. Se informa no sólo a través de la Diócesis, Cáritas, sino también en medios de comunicación de prensa escrita, televisiva y radio que, en numerosas ocasiones, estos poblados de chabolas arden. Se quedan arrasados una y otra vez sin que, casi, podamos hacer nada. Ellos, las personas, lo pierden todo: su documentación, su ropa, sus pequeñas pertenencias, sus recuerdos, las fotos de sus hijos y de sus padres…, su hogar. Y nosotros, mientras tanto, únicamente nos queda acompañar a quienes siempre pierden: los pobres. Ayuda humanitaria, acompañar para recuperar su documentación, gestiones con entidades locales y otras Administraciones, acoger si estuvieran enfermos y tuvieran cualquier tipo de heridas provocadas por el fuego, denunciar la injusticia. Eso es lo que nos queda a la Iglesia, denunciar como profetas de hoy que somos. Corresponde a todo creyente y a todo cristiano visibilizar que hay personas que sufren abuso y sufren males por injusticias de este mundo.

Y, ante los últimos acontecimientos ocurridos en uno de los asentamientos de Lepe, donde no sólo ven cómo arden sus vidas, sino que el que pudo salvar su chabola vio como era tirada por una máquina despreciando y obviando cualquier oportunidad de acceder a la justicia y defender sus derechos, ¿qué es lo que como comunidad eclesial nos queda a los cristianos? Nuestro Señor lo tuvo siempre claro, estar al lado de las personas, del pobre, del que lo necesitaba, acompañando y denunciando con valentía, lo que sin duda, en un mundo que no quería escuchar y que vivía de espaldas al sufrimiento, acomodado, diría yo, le costó la vida.

“¡Cuántas palabras se han vuelto incómodas para este sistema!” -nos dice nuestro Papa-. Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de repartir los bienes, molesta que se hable de defender los puestos de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia. La cómoda indiferencia ante estas cuestiones vacía nuestra vida y nuestras palabras de todo significado” (EG203). Y es que, realmente molesta hoy en día decir a quienes tienen la capacidad de asumir responsabilidades en las diferentes competencias administrativas, económicas y empresariales que cambiar la vida de los pobres requiere que todos, pero principalmente los poderes públicos, adopten decisiones urgentes y humanitarias que favorezcan y ayuden a los más pobres a superar sus problemas.

Y nosotros, ¿dónde nos posicionamos? ¿Queremos cambiar en profundidad la vida de los más pobres desde el sofá, -como dicen los tres Premios Nobel de Economía-, o preferimos optar por remangarnos y sudar en el terreno para comprender la realidad del otro?