Cooperación internacional24 Mayo 2019

África se mueve

Nuestra compañera Sole Gutiérrez nos ofrece una nueva mirada, cargada de esperanza, del continente africano.

Mañana, 25 de mayo, celebramos el Día de África, aunque en un principio se llamó Día de la Libertad de África, en conmemoración a la fundación de la Organización para la Unidad Africana (OUA) en 1963. Lejos de la visión monolítica y descontextualizada que se nos suele presentar del continente, se impone una nueva mirada.

Esa gran desconocida

África tiene una superficie 3 veces más extensa que Europa y casi el doble de habitantes. Sin embargo, pocos sabrían ubicar en el mapa a alguno de sus 54 estados soberanos y mucho menos los territorios de ultramar que aún conservan Reino Unido y Francia o con reconocimiento limitado como la República Árabe Saharaui Democrática o Somalilandia. Porque África sigue siendo ese continente olvidado donde en el imaginario colectivo sólo hay guerra, hambre, pobreza, epidemias, migración clandestina, corrupción y dictaduras. Sin embargo, no hay mayor dictadura que la de la ignorancia.

Una tierra rica en recursos naturales y humanos

Es cierto que estos problemas forman parte de la realidad africana, y de ahí la imperiosa necesidad de no darles la espalda. Pero también es cierto que África es un continente poderoso, rico en recursos naturales y minerales, pésimamente gestionados por culpa del espolio colonial. Y más importante aún es su capital humano, con nombres tan sobresalientes en el panorama actual como Peter Tabichi, un profesor de ciencias de una zona rural de Kenia que dona la mayor parte de su salario para apoyar a los alumnos más pobres y que acaba de ganar el Global Teacher Prize, reconocimiento al mejor profesor del mundo.

Otro insigne premiado con el Nobel de la Paz en 2018 es el congoleño Denis Mukwege, más conocido como el “Doctor Milagro” por haber conseguido reparar mediante cirugía reconstructiva el daño infligido a mujeres violadas. Unos años antes recibía este mismo Nobel Ellen Johnson-Sirleaf, primera mujer en ser elegida presidenta de un país en África (Liberia) y que pertenece a la élite que dirigió este país durante los años de independencia. Sin olvidarnos de otras grandes como Nkosazana Dlamini-Zuma, reconocida activista anti-apartheid y primera mujer presidenta de la Comisión de la Unión Africana. Y tantos otros nombres conocidos y, sobre todo, anónimos que no han perdido la esperanza y se resisten a ser considerados por el resto del mundo como una amenaza o como víctimas.

África no es un solo país y está llena de contrastes. Por asombroso que a algunos les pueda parecer, hasta aquí también han llegado las autovías, internet e incluso la 4G. Tecnologías que permiten poner en marcha plataformas de ciberactivismo local como la que lucha contra la insalubridad en la ciudad senegalesa de Saint Louis o a nivel mundial a través de campañas como la de Africans Rising, que busca los pilares de una nueva África construida por los propios africanos desde la base. Sin olvidarnos de movimientos populares como el que está poniendo a prueba al régimen político argelino, pidiendo un cambio radical del sistema de gobierno, o la revuelta social en Sudán que bajo el lema “libertad, paz y justicia” está poniendo contra las cuerdas a uno de los regímenes más represivos y despóticos de todo el continente.

Volver la mirada a África

Por todo esto y por mucho más África se merece que hablemos de ella en términos de esperanza. Que superemos los miedos irracionales y veamos más allá de esas fronteras creadas exclusivamente por la codicia humana. Estamos más cerca de África de lo que pensamos. Tanto, que a menudo nos recuerda que nos ha perdonado por haber mirado hacia otro lado.