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Programa Acción Social

 
PROGRAMA de COOPERACIÓN INTERNACIONAL al DESARROLLO
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Nuestra forma de cooperar:

  • Una cooperación fraterna y horizontal en la que trabajamos codo con codo con las comunidades del Sur, huyendo del europeocentrismo y de imposiciones de cualquier tipo
  • La prioridad del protagonismo de las comunidades como elementos activos de su propio desarrollo.
  • Respeto y sincronía con los procesos comunitarios. - Apoyo a la identidad como pueblos indígenas cuidadores de la tierra y de la armonía con el entorno.
  • Nuestro papel de Acompañantes huyendo de términos como financiadores, asesores, controladores….
  • Apuesta por la defensa de los derechos humanos como elemento clave en los procesos de crecimiento personal y comunitario, así como en la seguridad del resto de líneas de desarrollo.
  • Mantenimiento de la filosofía “llegar (estar) donde otros no llegan (están); apoyandonos en nuestra propia identidad, tener presencia en lugares o sectores olvidados o que conllevan un reto para la cooperación internacional.
  • Fomentar la comunicación y sensibilización¸ en nuestra sociedad, acercando la realidad del Sur al Norte, promoviendo procesos de cambio de estructuras generadoras de pobreza y fomentando la conciencia crítica como clave en el trabajo global por la justicia
 
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PROYECTO «UNIVERSITARIOS COOPERANTES»


Universitarios Cooperantes es un proyecto de voluntariado internacional, desarrollado entre la Universidad de Oviedo, la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo y Cáritas Asturias.

Tiene como objetivo el envío de personas que cursan títulos oficiales de la Universidad de Oviedo a proyectos de cooperación en países empobrecidos con organizaciones amigas en Asturias. El fin es que, tras la vuelta, transmitan su experiencia en Asturias,de forma que se conviertan en portavoces de la realidad vivida.

Universitarios Cooperantes está en marcha desde 2009 y desde su primera edición han participado un total de 55 universitarios/as que han trabajado diferentes especialidades y en diferentes países.

El proyecto propicia el apoyo a personas solidarias, altruistas y desinteresadas, con inquietudes ofreciéndoles la oportunidad de realizar actividades de cooperación al desarrollo como parte integrada de las acciones que desarrollan diversas ONGDs asturianas, realizando una toma de contacto crítica con la realidad en la que estas trabajan.

El respaldo a la continuidad y apuesta por el proyecto por parte de Cáritas Asturias, la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo y la Universidad de Oviedo responde a la labor para el desarrollo de los pueblos en general, a la cooperación internacional en particular, y en la relación necesaria entre la cooperación y la Universidad; ámbito en el que se debe fomentar tanto el intercambio de bienes y/o tecnología, como el contacto intercultural de experiencias, vivencias y relaciones humanas.

Universitarios Cooperantes pretende cambiar la manera de ver el mundo, permitiéndonos aprender de las personas que viven en los países del Sur.



Queremos compartir con vosotros una serie de testimonios de los universitarios que este año formaron parte del programa, Universitarios Cooperantes de Cáritas Asturias, la Universidad de Oviedo y la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo.

Esperamos que os gusten y os inspiren. ¡Un mundo mejor es posible!

Para poder ver las fotos pincha aquí

Me presento, soy Carlos Corominas, estudiante de 4º de Pedagogía en la Universidad de Oviedo e implicado –entre otras cosas- en las Asambleas de Estudiantes de dicha Universidad.

El pasado curso, me concedieron una beca que me permitiría viajar al Perú como voluntario internacional durante el verano, en un proyecto iniciado por Cáritas que me posibilitaría ir a colaborar en un proyecto con Ayuda en Acción y Desco.

En agosto comenzó mi aventura, que ahora desde la distancia, recuerdo como si de un sueño se hubiese tratado; un abrir y cerrar de ojos; una vida paralela en la que, por una temporada, cambié de familia, de amigos, de ocupaciones y de zona de confort. Era algo que necesitaba vivir, la oportunidad de poder acudir a otro país contando con el respaldo tanto de tu Universidad, como de organizaciones sociales que poseen una infraestructura tan grande, es única.

Amigas que ya habían vivido esta experiencia solo me azuzaban para que solicitase la beca; la innegable responsabilidad que asume la pedagogía en el cambio social me obligaba, en cierta medida, a intentar acudir a donde hiciera falta a demostrar nuestra valía como profesionales–proyecto de, en mi caso-; la necesidad de empaparme de otras culturas y visiones era ya insostenible y ahora, imparable,

¿La peor parte de la experiencia? las horas antes de coger el autobús destino a la T4, fueron horribles, hasta el momento no me había puesto nervioso y de repente, todas las inseguridades habidas y por haberse acumularon en mi estómago y se sincronizaron para amargarme esas horas de despedida con mi familia, imagínense lo que pasa por tu cabeza cuando vas a ir solo a un país desconocido.

Soy consciente de que soy un privilegiado, que mucha gente se juega la vida yendo a países en busca de un futuro incierto –lo cual no es mi caso-, espero que no se malinterpreten mis palabras, pero la sin seguridades no siempre son proporcionales.

26 horas tardé en llegar, fui de Oviedo a Madrid,de Madrid a Lima, de Lima a Juliaca y de Juliaca a Ayaviri, allí a unos 10.000 kilómetros de mi casa, me recibieron tres enormes sonrisas, eran Marta, Julio y Mari –la que fue mi madre adoptiva por ese tiempo-, sostenían un cartel con mi cara y desde el primer momento, os aseguro, me sentí extremadamente cómodo entre ellos.

Durante esas semanas me dediqué a diferentes cosas,en primer lugar se me encomendó el diseño de talleres que serían llevados acabo en los diferentes colegios e institutos de la zona, en total diseñé tres,los adaptaba en función de la edad del alumnado: uno con el objetivo de trabajar la violencia de género, otro sobre alcohol –con adolescentes con problemas con él- y otro de motivación para el estudio.

Del primero de los talleres realicé unas 30 sesiones –la mayoría de ellas con mi compañera Mari- con unos 300 chicos y chicas, del segundo cuatro y del tercero dos, además tuve la oportunidad de ver como se trabajaba la educación ambiental y la alimentación a través de un proyecto de huertas en las escuelas gracias a fitotoldos –invernaderos-, ver de cerca el trabajo con los y las ganaderas y el trabajo de la psicóloga de la organización en las escuelas.

Echo de menos la rutina de trabajo, el ir a la oficina y al campo a las escuelas; el no tener por las mañanas agua y tener que ducharme con garrafas. Los cinco edredones para dormir por la inexistencia de calefacción; los talleres; las sonrisas de todo el mundo; las bromas salidas detono de algunos alumnos; la curiosidad de la gente por saber sobre España.

Mi “caja mágica” que llevé de un lado a otro de la región, entrando en todas las escuelas con ella entre las manos; los talleres en los que acabábamos emocionándonos toda la clase y acabábamos dándonos un abrazo colectivo mientras les pedía, como último favor, que se cuidaran; el precio dela palta –aguacate-; los trayectos en la camioneta hasta arriba de gente,circulando a diario por el altiplano a 3.900 metros con el mal de altura acechándome,ir de copiloto de Pablo, esperando a que dijera cualquier cosa, para memorizarla;las danzas tradicionales por las calles y mi consiguiente intento fallido de intentar aprenderlas; los animales que me fui encontrando y que nunca había visto en libertad y por último, sentirme uno más.

Creo firmemente que fue la mejor decisión que pude tomar y que profesional y academicamente me ha dado una oportunidad enorme, poder poner en práctica mis conocimientos y demostrarme a mí mismo, que estoy capacitado para trabajar y para aportar cosas a la pedagogía, aprender de otra realidad, de otros profesionales y de otras visiones, en ocasiones, contrarias a la mía; empaparme de otra cultura, ver una realidad social diferente desde dentro, en definitiva y en consecuencia: crecer como persona.

Ha sido la última prueba para demostrarme que adoro mi carrera y la que espero, será mi profesión.

Muchas gracias por la oportunidad.


Me llamo Eva y soy estudiante de quinto de Medicina. Y siempre he querido ir como voluntaria a un país de los que llamamos«pobres» porque soy una idealista. Como nos pasa a muchos, tengo la esperanza de que la injusticia que domina el mundo esté abocada a desaparecer.

Encontré mi oportunidad en esta beca, que solicité con mucha ilusión y un poquito menos de esperanza. Tuve la buena fortuna, sin embargo, de ser seleccionada para ir durante seis semanas al Centro Hospitalario Dominicano Saint Martin de Porres en Yaoundé, capital de Camerún.

Estuve de prácticas,  mi papel era el de aprendiz,sin llevar a cabo ninguna labor más allá de las pequeñas curas y actividades de rutina que me fueron enseñando a hacer. A lo largo del tiempo que estuve allí,hice una rotación por los diversos servicios del hospital y pasé algunos días en un centro sanitario de Obout, un pueblo más pequeño situado en plena selva camerunesa. En ambos sitios mi trabajo consistía sencillamente, al igual que en mis prácticas de la Facultad, en aprender.

El impacto resulta brutal, en todos los ámbitos. Y aún me quedo corta. Recuerdo haber dicho, fascinada, que «es un país que te sorprende cada quince minutos». No hay apenas nada que se parezca a la vida aquí: ni el paisaje, ni las calles, ni los medios de transporte, ni los hospitales, ni las tiendas, ni la escala de prioridades, ni la manera de gestionar las diferentes situaciones. Sólo las personas como tales, que son, en lo profundo, lo mismo en todas partes.

La diferencia radica en que allí viven con la esencia de todo, pero sin el disfraz de nada. Los coches están abollados y pelados por dentro, pero caminan, las gentes no llevan ropa de última moda o delas marcas más caras, pero se visten. La mayoría no pueden permitirse ir a restaurantes,pero comen, no les importa que su viejo televisor, si lo tienen, no sea de alta definición, ni que el pan no esté todo lo crujiente que debería, ni compartir un taxi con seis personas; pero sí les preocupa la salud de su familia, la educación de sus hijos y tener en la mesa algo para cenar también al final del mes.

Las perretas superficiales y materialistas no tienen cabida entre estas personas; lo poco que se quejan,  en comparación con nosotros fue algo que me impactó más al volver aquí que al llegar allá. Se supone que estamos acompañando en su camino hacia el progreso, pero a veces me pregunto ¿a dónde queremos llevarlos? Si acaso no seremos nosotros los que tenemos que aprender de ellos y no al revés.

En cuanto a la Medicina, tampoco dejó de sorprenderme en ningún momento. La calidad de la experiencia como aprendizaje médico fue, aunque suene frío, incalculable, lamentablemente también fue desgarradora a veces; allí pueden resultarle tales patologías que aquí son banales, y la impotencia que ello provoca es inmensa.

En contra de lo que se puede pensar, los medios materiales son suficientes para proporcionar una atención bastante digna; sin embargo, es el paciente quien debe pagar por ellos y con frecuencia no puede.La medicina general es todoterreno, ya que los especialistas son un lujo que tampoco está al alcance de todos. Me gustaba llamarla «medicina de batalla»:curar con tan poco es todo un arte que requiere muchísima paciencia y capacidad de resolución, y más con el conocimiento (de eso no faltaba) de que en otros lugares del mundo, fuera del alcance de estos pacientes, existen otros remedios más eficaces o más adecuados para las dolencias que se tratan.

He oído innumerables veces decir a gente que vuelve del Sur que la experiencia «les cambió la vida». Siempre pensé que era una exageración, pero hace falta vivirlo para entenderlo, no es exactamente la vida lo que cambia, sino la visión del mundo. Conocer esta realidad no puede dejar a nadie indiferente y no ya sólo por el hecho de saber que existe gente que no puede pagar sus medicinas, comer carne cada semana o conducir un coche, sino porque da qué pensar que aquí, por el contrario, exista gente que se haga operaciones por estética, derroche dinero en comidas de abundancia vergonzanteo coleccione coches deportivos.

Me pregunto si alguna vez dejaré de sentir ciertos remordimientos por haber nacido en el lado «bueno» de la tortilla.

Por supuesto, me cambia los planes, ahora necesito volver a África, pero no como idea de futuro para cuando tenga una vida hecha aquí, sino como plan inmediato, lo antes posible, a trabajar mano amano con esas personas que me trataron como a una más a sabiendas de que me volvería a mi casa entre “los ricos”. A ver, oír, callar y, sobre todo,aprender, a destruirme otra vez y volverme a construir. Y a seguir luchando por un mundo más justo, con cualesquiera que sean los medios a mi alcance.


“Puede que, tras una experiencia de esta índole, uno regrese conservando su nombre,apellidos y profesión tal y como eran antes de irse… pero nunca vuelve siendo el mismo.”

Soy Juncal, una enfermera novata, recién graduada por la Universidad de Oviedo. Tuve la inmensa suerte de ser una de las ocho personas seleccionadas para vivir una experiencia de voluntariado, en mi caso en El Alto (Bolivia) y durante diez semanas y media.

Todo empezó hace bastantes años, con una inquietud que no se saciaba con las experiencias de voluntariado que iba buscando y teniendo en distintos lugares de España, una inquietud ingenua de “ir a ayudar donde más lo necesitan”.

Cuando estaba a punto de terminar la carrera me enteré de la existencia del proyecto de Universitarios Cooperantes (impulsado por Cáritas y la Universidad de Oviedo, en colaboración con el Principado de Asturias) y no dudé en apuntarme, contando con que había una posibilidad muy remota de que por fin pudiera satisfacer mi inquietud y cumplir un sueño.

Tras pasar todo el proceso de selección, llegó la increíble noticia acompañada de un montón de miedos e incertidumbres: ¿estaré preparada? ¿Tendré algo que aportar allí? ¿Cómo lo afrontaré?

Después de unas semanas de formación, de cambiar objetivos y propósitos y de empezar a ver el mundo de otra manera, llegó el momento de viajar a Bolivia, de dejar el Norte (y todo lo que ello conlleva)para emprender el viaje hacia el Sur.

Llegar a Bolivia supuso un cambio radical en mi vida:estaba sola, viviendo con unas monjas a más de ocho mil kilómetros de distancia de mi casa e iba a ejercer, por primera vez, como enfermera titulada y en un lugar totalmente desconocido para mí.

Al final de la primera semana ya me había dado cuenta de uno de los mejores “secretos” de estar en el Sur: lo increíblemente afortunada que era por estar allí y por poder tener una perspectiva totalmente diferente de lo que era y había sido mi vida en Gijón hasta la fecha.

Al final de la segunda semana los sentimientos de morriña iban sustituyéndose por la comodidad en mi nueva rutina, en mi nueva casa y en la que se había convertido en mi nueva familia.

Pasé la mayoría de mis días colaborando como enfermera voluntaria en el Centro Materno Infantil Santa María de los Ángeles (CMISMA), sobre todo en el área de consultas de enfermería y atención de urgencias. También frecuenté una vez a la semana el Hogar Virgen de la Esperanza, una casa de acogida para bebés y niños abandonados (en las condiciones más hostiles) por sus familias.

Las semanas se sucedieron y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba yendo al aeropuerto para emprender el viaje de Sur a Norte… con una gran tristeza, un agradecimiento muy profundo y la promesa de volver.

Ahora que veo esta experiencia con un poco de perspectiva, puedo afirmar que la estancia en Bolivia ha sido uno de los mayores regalos de mi vida.

A pesar de ir con billete de vuelta y de proceder de un país “rico”, nadie jamás me juzgó ni me discriminó: al contrario, me sentí acogida desde el primer minuto. Ellos me dieron lo mejor que tenían,sabiéndose ciudadanos de un país “empobrecido”. Ellos me ayudaron, me enseñaron, me cuidaron… porque a quien hacía falta ayudar realmente era a mí,porque “los del Norte” deberíamos aprender de “los del Sur” y dejar de imponerles lo que creemos que necesitan, porque ellos son tan capaces como nosotros de lograr lo que se propongan, aunque no lo queramos ver.

Con todo ello, he vuelto siendo Juncal, sigo siendo una enfermera novata… pero algo ha cambiado en mi interior. He aprendido avalorar cosas que antes no apreciaba, he conocido la “enfermería de supervivencia”, he dejado un pedazo de mi corazón en Bolivia e, incluso, llegué a cambiar mi acento y vocabulario al español latino.

Porque… si no empezamos por nosotros mismos, ¿cómo vamos a cambiar el mundo?


Me llamo Lucía, tengo 21 años y soy estudiante de Enfermería, en 8 meses seré ya, o eso espero, enfermera.

Desde hace varios años, en mi cabeza rondaba la idea de ‘’ir algún día a África’’, como voluntaria, a ‘’ayudar’’, pensaba.Cuando comencé Enfermería, este deseo se acentuó, por la idea que tenemos delas malas condiciones sanitarias que tienen en los países africanos.

Cuando estaba en segundo de carrera, navegando por‘’Uniovi’’ descubrí la beca y dije ‘’el año que viene la tengo que solicitar’’.¿Los motivos? Pues era un oportunidad de cumplir esa idea que rondaba mi cabeza, de conocer una sanidad diferente, una cultura distinta, de formarme y aprender como enfermera, etcétera.

Así que, llegado el momento, y con mucha ilusión solicité la beca, y curiosamente, fui seleccionada.

El 15 de agosto, tras 22 horas de viaje, llegué ala que sería mi casa en Yaundé durante las siguientes nueve semanas. Y la misma mañana siguiente, comenzó mi tarea en el Centro Hospitalario Dominicano San Martín de Porres: unas prácticas como estudiante de enfermería, en las que roté por cada servicio del hospital: hospitalización, consultas, quirófano,pediatría, maternidad, consultación prenatal y UPEC (para pacientes con VIH y tuberculosis).

Tanto en las formaciones recibidas antes de partir al destino, como una vez allí, te das cuenta de que eso de ‘’irse a África a ayudar’’ es un poco mito, porque una enfermera, y más en un corto periodo de tiempo, no va a cambiar las condiciones sanitarias ni de vida de más de 20 millones de personas que viven en Camerún. Pero lo que sí que cambió un poco fue mi mundo, mi cabeza, mi manera de pensar y de ver las cosas.

Trabajar en un hospital donde los pacientes pagan por todo, donde las habitaciones llegan a tener ocho camas, donde reutilizan materiales no reutilizables, donde la precariedad está presente cada momento y una consulta médica parece un presupuesto porque el dinero siempre es un impedimento. Te hace valorar lo que tienes en tu país, y lo mucho que te quejas sin motivo y por tonterías, te permite aprender a trabajar como enfermera con menos recursos y a adaptarte cuando no tienes todo lo que necesitarías.

Estar en contacto con personas cuya lengua y cultura es diferente te permite aprender de ellos y de la historia, de cómo en Camerún, por un lado van los intereses de unos pocos, los gobernantes, y por otro lado los de la población. Vivir allí, día a día, te ayuda a quitarte muchos de los prejuicios que tenemos aquí en el Norte, esa imagen de África pobre pasando hambre, dependiente de Occidente.

El volver, difícil, a seis mil kilómetros se quedan nuevos amigos y personas fantásticas que te han acogido. Llegas al aeropuerto,y ves que a tu alrededor todo sigue igual. La gente y sus prisas, su consumismo, su egoísmo.

Y sientes que algo dentro de ti ha cambiado. Una chispa que espero que nunca se apague.


Mi nombre es Raquel Fernández Peláez y hace un par de semanas que soy graduada de economía.

Mis prácticas consistieron en la colaboración en tres proyectos de desarrollo sostenible llevados a cabo en las Comunidades Indígenas Chorotegas de Mosonte, en el departamento de Nueva Segovia de Nicaragua, cuyos objetivos son mejorar las condiciones de vida de los indígenas reforzando su soberanía alimentaria y economía.

Los tres proyectos son gestionados por la ONGD Asociación Asturiana Gaspar García Laviana, ejecutados por el organismo Pueblo Indígena de Mosonte y financiados, dos de ellos por la Agencia de Cooperación al Desarrollo del Principado de Asturias, y el tercero por el Ayuntamiento de Gijón. Mis prácticas consistían en cooperar con el Pueblo Indígena de Mosonteen el desarrollo de estos proyectos, sobre todo en actividades relacionadas con microcréditos.

Hace un par de años me hablaron acerca de esta beca, pero desconocía que hubiera un hueco para una aspirante a economista y,cuando descubrí que otros compañeros de facultad habían sido seleccionados en anteriores ocasiones, no dudé en presentar mi solicitud.

A lo largo de la carrera siempre pensé que quería dedicar mis estudios a algo positivo. Un economista puede estar relacionado con prácticamente cualquier cosa. La economía se mete por casi todos los recovecos del mundo, pero mi idea era y sigue siendo dedicarme a una economía responsable con la sociedad y con el medio ambiente. Este fue uno de los motivos por los que decidí participar en “Universitarios Cooperantes 2016”. Pero no se limitaba solo a una oportunidad en el ámbito profesional, sino que también lo era a nivel personal. Era una ocasión para poder conocer una cultura, valores y costumbres distintas a las mías, para conocer una nueva realidad y contemplar el mundo y la vida desde una perspectiva diferente.

Era consciente de que no iba a ser una experiencia fácil, que hacer este voluntariado implicaba salir de mi zona de confort y exponerme a un montón de riesgos nuevos para mí, es decir, adentrarse en una sociedad diferente a la de uno es positivo en gran medida, pero también complejo.Me iba a exponer ante situaciones injustas y duras, condiciones de vida distintas y probablemente me encontraría ante valores y costumbres con las que no estuviese de acuerdo.

Sin embargo,todo ello eran aspectos de este proyecto que me llamaban la atención, pues me permitirían descubrir hasta qué punto puedo aceptar y adaptarme a una realidad desconocida, así como enfrentarme a los miedos que me fueron surgiendo según se iba acercando la fecha de partida.

Los meses previos a mi estancia intenté prepararme mentalmente para cualquier situación con la que me pudiese encontrar, con el objetivo de que cuando llegase el momento me derrumbara lo menos posible. Era uno de los miedos que más me atormentaban, el no saber encajar la realidad con la que me iba a encontrar.

Una vez inmersa en ese país, en sus costumbres, sus gentes, su clima, su verdad, todo te sorprende. Da igual que intentes mentalizarte de lo que te vas a encontrar, que hables con otros voluntarios que hayan vivido situaciones similares a las que te puedan surgir, que leas informes que te expliquen la situación económica de la zona o que te leas un par de libros de la cultura nicaragüense, porque en el momento en el que llegas allí, todo te asombra. Te sorprende desde las experiencias que no te habías planteado y ocurren, hasta las que sí te habías imaginado y también pasan; los obstáculos con los que te cruzas, pero también las facilidades; tu manera de adaptarte a determinadas situaciones y la dificultad de encajar otras; la manera en la que, si hacer nada, llamas la atención y la forma en la que, en determinadas ocasiones, pasas desapercibida; tus momentos de felicidad y tus instantes de crisis.

Al llegar allí tu mente se queda en blanco para empaparse de todo lo que la rodea, como si volviese a tener cuatro años y volviese a descubrir todo por primera vez y al final, por mucho que te prepares, tu inexperiencia es lo único que luce cuando llegas allí y entre otra infinitud de cosas, es lo que hace de todo esto algo único.

Si he de escoger una palabra que resuma la experiencia, tanto la parte profesional como la personal, me decanto por“aprendizaje”. Desde el día que llegué al aeropuerto de Managua, hasta el día que lo pisé para volver de nuevo a casa, no hubo una sola noche que me acostará sin haber aprendido algo nuevo. Durante esas semanas aprendí y adquirí experiencia en el ámbito de la cooperación al desarrollo, pero también pude acercarme a las personas de las comunidades de Mosonte, observar sus costumbres y maneras de vivir, conocer sus necesidades y aprender de su perspectiva acerca de la vida.

Uno siempre escucha hablar de los grandes problemas del mundo, de la pobreza, del hambre, de las enfermedades, las catástrofes naturales,  pero considero que nunca se es realmente consciente de la gravedad y magnitud de estas cuestiones hasta que las vives en primera persona, y realmente es así. Aprendes constantemente,desde que para llevar a cabo proyectos de cooperación al desarrollo es necesario conocer bien la sociedad en la que se quiere hacer tales actividades,conocer sus valores, prioridades y necesidades, que la cooperación no es una cuestión sencilla; hasta como eliminar una plaga de hormigas que se están comiendo las hojas y flores de las plantas del patio o como evitar que los mosquitos te abrasen constantemente.

Aprendes a relativizar, te das cuenta de muchas cosas que hacías mal en tu día a día y del valor de otras muchas a las que antes no prestabas atención. La lista de enseñanzas puede ser interminable y no me puedo sentir más agradecida por todo ello.

No sé hasta qué punto mi estancia en Mosonte ha podido contribuir en la mejora de las condiciones de vida de los indígenas,pero de lo que sí estoy segura es de lo que ellos me han regalado; me llevo lecciones de vida, recuerdos, amistades, vuelvo enormemente agradecida con todas las personas que me acompañaron en esa etapa.

Ha sido una experiencia increíble y me ha servido para darme cuenta de que quiero ser partícipe de la cooperación al desarrollo a lo largo de mi vida y que no estaba equivocada en querer dedicarme a una economía responsable con el mundo.


Mi nombre es Lucía y tengo 22 años. Cuando estaba en cuarto de enfermería decidí solicitar la beca de “Universitarios Cooperantes 2015”.

Fueron muchos los motivos que me llevaron a pedirla beca. Y sólo uno el motivo para no pedirla. En la balanza se enfrentaba la ilusión, las ganas de conocer otras realidades y el poder echar una mano frente al miedo. Miedo en diferentes formas: miedo a que saliera mal, miedo a la seguridad del país, a las enfermedades, a los insectos… Puedes adivinar qué tuvo, al final, más peso en la balanza.

Fui seleccionada para ir a Bolivia, concretamente a Ckochas, en el departamento de Potosí. Se trata de una zona rural situada a unos 3800 m.s.m y bastante empobrecida, donde no hay alcantarillado y el agua es bastante escasa.

Como estudiante de enfermería, mi trabajo estaba enfocado a la rama de salud. Colaboraba en las consultas del centro de salud y me desplazaba con el equipo médico a las comunidades alejadas para hacer los controles de nutrición en niños y niñas y controles en las mujeres embarazadas.Además, colaboré en la campaña de salud bucal. En ella, nos desplazábamos por diferentes centros escolares para dar algunos talleres y repartir cepillos y pastas dentales. Además, participé en las encuestas de salud, las cuales realizábamos a las familias para conocer su entorno y principales enfermedades.

Para mi suerte, no solo tuve la oportunidad de participar como enfermera sino también de conocer los diferentes proyectos dela organización con la que yo estaba (I.P.T.K en colaboración con Ayuda en Acción). De entre estos diferentes proyectos, yo colaboré con la recogida de cartas de los niños apadrinados y talleres de comunicación y fotografía para la difusión de la información de la organización.

La palabra oportunidad es la que mejor define esta beca. Es una oportunidad para acercarte a una realidad diferente y paralela,que convive con la nuestra y también, para conocerte a ti mismo.

Es una experiencia en solitario donde vas a colaborar y aportar pero sobre todo, a aprender y recibir. Aprendes lo que significa vivir con lo necesario y cómo cambian las prioridades y los problema sen otros lugares del mundo: acceso a agua y alimentos variados en carne y verduras, saneamiento, sanidad pública y gratuita… Yo me cuestioné hasta lo incuestionable. Todo lo que desde mi casa era “normal” y todo el mundo a mi alrededor tenía y no tenerlo suponía una falta de derechos, era inexistente en otras realidades. Cuando lo ves con tus propios ojos, más allá de la pantalla del televisor, te hace sentirte más humano y vulnerable.

Pero no solo vi pobreza. También vi felicidad. La gente con la que yo conviví era dueña de su tiempo y sabían vivir con lo que tenían. Orgullos de su tierra y de sus familias. Gente que para mi, ahora tiene nombre y apellidos. Como Jhury, mi vecina de 9 años. Aún recuerdo una de nuestras primeras conversaciones en la que me pregunto:-“¿Cómo es el mar?¿Pero cómo puede entrar tanta agua allí?”. Recuerdo que no pude evitar sonreír ante aquella pregunta, me pilló por sorpresa algo que para mi, era tan habitual desde que nací.

Ahora que he vuelto, no paro de preguntarme: “¿Tiene Jhury sus derechos condicionados por el lugar en el que ha nacido?”.

Sigo en proceso de aprendizaje porque nunca se termina de aprender. De momento, estoy en camino de especializarme como enfermera para hacer lo mejor, de lo que me gusta.


Supongo que cuando alguien tiene que visitar un país dóndela cultura es diferente, le asaltan infinitos pensamientos sobre cómo será suexperiencia, pero estoy seguro de que la mayoría son prejuicios, visiones quetenemos preconcebidas a partir de la información que llega a nosotros y quecreemos sin atisbo de duda. Por lo menos, eso fue lo que me pasó a mí, a mifamilia, a mis amigos.

Colombia, país destacado por el conflicto armado que sufredesde hace más de cincuenta años, no parece un destino muy prometedor, y menoscuando uno va en defensa de los Derechos Humanos, pero dos meses entre susgentes y paisajes provocaron en mi un cambio radical de pensamiento respecto alpaís.

Mi estancia allí estuvo supervisada por la ComisiónIntereclesial de Justicia y Paz, con los que colaboré prestando apoyo educativoen algunos de los proyectos que se estaban llevando acabo en ciertascomunidades y resguardos indígenas en el departamento del Chocó. Aunque mi rolera de docente, “profe” como me llamaban, creo que más bien fui alumno ya quedudo haber enseñado una mínima parte de lo que he aprendido. No hablonecesariamente de esos conocimientos que pueden ser medidos con una pruebaescrita, no, hablo de cosas tan significativas como cordialidad, hospitalidad,amabilidad, resistencia, lucha frente a las adversidades o positivismo yenergía como máximas de una vida.

Convivir en una comunidad durante unos días de verdad haceque uno se replantee muchas cosas de su vida. ¿Qué es la felicidad? ¿Realmentesomos felices? ¿Vivimos acorde a nuestros objetivos, o a unos objetivossociales y de mercado? Constantemente veía cómo la gente reaccionaba de maneranatural y positiva a situaciones que aquí nos romperían todos los esquemas y haríanque nuestro ánimo se viniese abajo, y ¿por qué?, porque cuando no se tiene nadao muy poco, la felicidad está en las cosas cotidianas que arrancan una sonrisa,pero que en los países de norte no estamos acostumbrados a fijarnos y novaloramos.

Al marchar de Colombia, los pensamientos de uno son muy diferentes de aquellos que tenía cuando llega al país. Drogas, pasa a convertirse en gastronomía y productos muy variados y sabrosos. Delincuencia se transforma en hospitalidad abrumadora. Narcotráfico transmuta en la lucha y resistencia de los pueblos. Ahora cuando escuche “Colombia” mi mente se inundará de buenos recuerdos y sensaciones que intentaré trasmitir a mi entorno cuando sus mentes se inunden de malos pensamientos referidos a este territorio


Soy Laura y en estos momentos resido en Madrid donde trabajo comoresponsable del departamento de Comercio Justo de la asociación PROYDE,organización con la que empecé a colaborar en 2006. Digamos que fue entoncescuando mi forma de ver la vida comenzó a cambiar, poco a poco vas conociendodiferentes realidades, te das cuenta de que no hay Norte sin Sur, y que quienesla pagan son las mismas personas, despiertas, las injusticias que antes pasabande largo, empiezan a dolerte, llegado un momento te las tomas como algopersonal y decides involucrarte algo más, quieres ser parte de la solución,priorizas otras cosas en tu vida y entre las primeras estará el voluntariado.

Participar como voluntaria en una ONGD de cooperación al desarrollo, queno tiene acción en cuarto mundo no siempre es fácil, principalmente porqueaquellas actividades en las que te puedes comprometer están relacionadas con lasensibilización y la incidencia política, por lo que nunca vas a conocer a aquellaspersonas que están al otro lado del Mundo. Por eso cuando te surge laoportunidad de participar en un programa de voluntariado internacional, ni telo piensas, quieres ir y estar, convivir, oler, tocar, saborear, compartir enun día a día muy diferente al tuyo, ser parte del paisaje que habitan.

Por eso desde que conocí el proyecto hace varios años quise participar,en cuanto reúnes los requisitos básicos te presentas y un buen día te dicen queeres parte del equipo que en 2016 se irá por el mundo mundial.

Mi suerte fue Colombia, al bajo Atrato en la provincia de Chocó siendoparte del acompañamiento que realiza la comisión intereclesial de Justicia yPaz en ese territorio. ¿El destino? Las comunidades desplazas y amenazadas porel conflicto colombiano.

El trabajo que realiza esta organización es de vital importancia, vivencon las comunidades ofreciéndoles asesoramiento de todo tipo y coordinandoproyectos educativos. El verano de 2016 fue un momento clave, pues nosencontrábamos en los últimos momentos de las negociaciones sobre el proceso depaz. Poco después, a primeros del mes de Octubre tendría lugar el Plebiscito,por lo que gran parte del acompañamiento que realizamos fue asesorar y hacerpedagogía sobre los acuerdos y los puntos, pues existía un totaldesconocimiento de lo que estaba ocurriendo.

Tener la oportunidad de vivir con el equipo de terreno y más en unmomento histórico como aquel fue un regalo. De lo vivido me quedo con lafuerza, la alegría y la hospitalidad de cada persona con las que me fuiencontrando, las historias de vida de las que se atrevieron a sentarse contigoy contarme con total sinceridad y complicidad, me quedo con todos y cada uno delos abrazos de aquellos niños y niñas que me arropaban cada mañana y tarde. Mequedo con las veces que me regalaron arroz, yuca, banano, cacao, mango,aguacate, guanábana, y toda fruta extraña que quisiera probar, simplementeporque sí, me quedo con todo lo recibido. Sus nombres quedarán grabados en midiario, sus caras, sus gestos y sus voces descansarán felices en mi corazón.Por siempre.

Y no hay duda que para la vida…es necesario despertar, abrir los ojos yver, descubrir una nueva realidad…bajando al Mundo.



   
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17/05/2011
PROGRAMA de PERSONAS INMIGRANTES
El programa de personas inmigrantes refleja la voluntad de Cáritas de Asturias de intervenir ante la reciente realidad planteada por la llegada de inmigrantes. Entendemos que esta realidad es positiva y que va a centrar la atención social de nuestra comunidad durante los próximos años.
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17/05/2011
PROGRAMA de PERSONAS MAYORES
El programa de personas mayores de Cáritas Asturias tiene como objetivo el acompañamiento, cuidado y participación de las personas mayores de la comunidad, sensibilizando sobre sus necesidades y carencias y fortaleciendo el tejido social. Su función es coordinar todas las acciones y proyectos que, desde las distintas Cáritas Parroquiales de la diócesis, se desarrollan en el marco del trabajo con personas mayores.
 
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