Acción social24/09/2021

Villamalea, un ejemplo de localidad que camina ´hacia un nosotros`

Desde el mes de abril el grupo de Cáritas de esta localidad, junto a Cáritas Joven y Servicios Sociales trabaja en un proyecto de mediación social intercultural destinado a promover la participación de los jóvenes y sus familias.

En los momentos de mayor crisis, como ahora a causa de la pandemia, es cuando la sociedad tiende a resquebrajarse, y el precio más elevado lo pagan quienes más fácilmente pueden convertirse en los  otros : los extranjeros, los migrantes, los marginados, que habitan las periferias existenciales.

Celebramos la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, este año bajo el lema “Hacia un nosotros cada vez más grande”, que supone una llamada a trabajar en comunidad ya comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más  otros , sino sólo un  nosotros , grande como toda la humanidad.

La COVID 19 ha dejado en el camino a muchas personas. Esa pobreza y carencias materiales suelen ir asociadas a la incapacidad para participar plenamente en la vida social, con dificultades para acceder al empleo, la formación, la vivienda, el transporte o la asistencia sanitaria. Esta situación se agrava de manera especial en municipios con gran diversidad cultural como es el caso de Villamalea. Este municipio de la Manchuela albaceteña cuenta con una alta tasa de empleo, dado el peso de ocupa la industria agroalimentaria, pero es el segundo municipio de España donde más porcentaje de ingresos hay que destinar para pagar la vivienda. Cuenta con una población de 4.100 personas, de las cuales 913 son extranjeras. En Villamalea conviven 30 nacionalidades distintas, siendo las más numerosas la rumana, marroquí, ucraniana y ecuatoriana.

Sin embargo, a pesar del espíritu cooperativista de esta localidad, y de que el 25% de su población son vecinos con NIE, la participación de esta comunidad es escasa, una realidad acentuada además por la pandemia. Por este motivo, Cáritas Diocesana trabaja desde el mes de abril junto al equipo de Cáritas de Villamalea, Cáritas Joven y Servicios Sociales del Ayuntamiento de la localidad en un proyecto de Mediación Social Intercultural que quiere dar respuesta a la situación de segregación en la convivencia y participación social de los vecinos del pueblo y la situación de exclusión social en la que se encuentran muchos jóvenes y sus familias, sobre todo de origen extranjero.

El objetivo de este proyecto es promover la participación activa de los jóvenes y sus familias, cediéndoles el protagonismo de su propio proceso de crecimiento, cambio y desarrollo personal y social y fomentar la convivencia intercultural y la inclusión. Este verano se ha desarrollado una formación de monitor de actividades infantiles en la que han participado 10 jóvenes y que ha servido para empezar a dar forma al grupo que se encargará de dinamizar e incentivar a participación de personas de diversos orígenes y culturas en el día a día. Ellos además serán quienes sensibilicen a los vecinos de la localidad para fomentar la convivencia y participación intercultural y de quienes partan las diferentes acciones y talleres teniendo en cuenta no solo las necesidades de los participantes,

A lo largo de los próximos meses se pondrán en marcha acciones de carácter preventivo que pongan freno a la transmisión intergeneracional de la pobreza, otras encaminadas a mejorar la competencia social de los jóvenes y sus familias con dificultades para la inclusión social, a favorecer la parentalidad positiva ya incentivar la convivencia y la participación comunitaria.

Durante todo este proceso se trabajará en red con los agentes sociales implicados, como son los Servicios Sociales de Villamalea, colegios e institutos, y siempre con la colaboración de los vecinos y de las personas voluntarias implicadas.

Javi Cano, sacerdote de Villamalea

Villamalea es un pueblo con gran riqueza cultural, pero con escasa participación de la población inmigrante. Desde el grupo de Cáritas llevamos meses observado, al margen de la situación económica de las familias, la inmensa mayoría de la población no autóctona no terminaba de participar en la localidad. Esto, sumado a la ausencia de actividades y espacios de participación para adolescentes y jóvenes, nos ha llevado a apostar por este proyecto de mediación social y comunitaria, con el que estamos muy ilusionados.

La magia de este proyecto es que se trata de una iniciativa de jóvenes con jóvenes. Y esto es solo el principio. Queremos contar con gente joven preparada que sea quién dinamice las actividades con los más pequeños y jóvenes y favorecer así la participación de estas familias, sobre todo de las mujeres que cuentan con una situación de mayor desventaja.

Supone una oportunidad de trabajar con familias con dificultades de integración para que desarrollen habilidades de vida, que al tiempo les permita mejorar en su esfera relacional, formativa, cultural, política y laboral. Una oportunidad de enriquecimiento mutuo, y de contar con un grupo de jóvenes implicados que nos ayuden a hacer un pueblo mejor.

Es en el encuentro con la diversidad, en el diálogo intercultural, donde encontramos la posibilidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente. Es el momento de caminar juntos hacia un  nosotros  cada vez más grande para construir juntos el futuro de nuestro pueblo sin que nadie quede excluido. Un futuro enriquecido, en el que aprender y seguir creciendo como comunidad.