Acción social09 Mayo 2019

La apuesta de Cáritas por el acompañamiento a las personas

Acompañar supone un gran reto para Cáritas. Supondría, en primer lugar, cambiar el tipo de relación que tenemos con el hermano que pretendemos ayudar, devolviéndole la responsabilidad y el poder sobre sus vidas, esa que la pobreza y la exclusión pretendieron robarles, reduciéndolos a perceptores de prestaciones y ayudas. Es el reto que nos proponen los compañeros del Programa de Atención Primaria.

En los últimos tiempos hemos presenciado cómo la recesión económica junto con los recortes en políticas sociales arrastraba a muchas familias a situaciones de pobreza y exclusión ya casi olvidadas, propias de otros tiempos.

Cáritas en Albacete, ante un Estado de Bienestar fallido, ha ido respondido a este nuevo reto fortaleciendo sus servicios asistenciales con diferentes acciones que han pretendido cubrir las necesidades básicas de estas familias, ya que sin pan y calor en el hogar difícilmente se puede soñar, y por lo tanto difícilmente podríamos esperar el desarrollo integral de estas familias y las comunidades humanas en general.

Ahora bien, esta situación nos obliga a hacernos la siguiente reflexión. El tiempo, los recursos y las energías son limitados, si como institución utilizamos demasiadas energías, tiempo y recursos (económicos/humanos) en estas ayudas asistenciales, como nos hemos visto obligados a hacer, ¿qué queda entonces de las acciones de acompañamiento y promoción de la persona? ¿Qué queda de las acciones de denuncia? que son las verdaderas promotoras de justicia e igualdad de los excluidos de esta sociedad del “Bienestar”  ¿Cómo lograr el equilibrio entre lo asistencial y los promocional?

Las preguntas que aquí nos hacemos no son fáciles de responder, es todo un reto más que no debemos olvidar, un reto más que desde el Evangelio Jesús nos invita a seguir construyendo ese Reino de justicia y bondad que no solo con pan se construye, sino con trabajo, salud, participación, igualdad, comunidad, etc.

La urgencia social que esta crisis nos ha abocado, no nos puede hacer perder de vista los otros dos pilares sobre los que Cáritas sostiene su acción, nos referimos a la promoción de la persona y la denuncia constructiva de las situaciones de injusticia social.

No hace falta recordar que nuestra misión no es dar alimentos sino buscar la justicia social y el desarrollo integral de la persona, poniéndonos al servicio de la liberación y promoción de las personas empobrecidas y excluidas, descartadas, como dice nuestro Papa.

En esta promoción de la persona, el acompañamiento, supone una de las formas de acción social por las que Cáritas lleva apostando desde hace años para posibilitar la autonomía y la integración de los individuos, familias y comunidades, a fin de favorecer sociedades más justas e igualitarias.

 

¿Pero, qué sería acompañar?

ACOMPAÑAR-nos supone un gran reto para todos, después de llevar mucho tiempo poniendo  énfasis en el “dar”. Acompañar supondría en primer lugar cambiar el tipo de relación que tenemos con el hermano que pretendemos ayudar, devolviéndole la responsabilidad y el poder sobre sus vidas, esa que la pobreza y la exclusión pretendieron robarles, reduciéndolos a perceptores de prestaciones y ayudas.

Por lo tanto nuestro papel como voluntarios y como técnicos debería ser el de estar ahí, para escuchar ante todo, escuchar para comprender por lo que la otra persona está pasando, para ayudarla a buscar soluciones basadas en las capacidades de cada uno, sobre un proyecto de vida sostenible, viable, tal vez muy modesto, pero alcanzable por ellos mismos, donde nos marquemos pequeños objetivo alcanzables.

En definitiva, este acompañar-nos supondría devolver a la persona el protagonismo y responsabilidad de su historia, con sus ritmos, tiempo y lógicas, superando la dinámica asistencialistas que las prestaciones y ayudas nos han impuesto. 

 

Este es el reto que tenemos delante, así que soñemos con ese Cáritas que todos queremos, atenta a los signos de los tiempos, al servicio de los más necesitados, con la persona como centro y nosotros, como decía San Ignacio, en actitud de “”en todo amar y servir”.