Análisis y reflexión25/08/2025

El verano que termina: descanso que renueva la esperanza

El verano que acaba deja tras de sí, además de descanso, momentos de encuentro y reflexión para volver a lo cotidiano con ánimo nuevo y el deseo de ser testigos de esperanza.

El verano llega a su fin, y con él los días más largos, las pausas buscadas y los espacios de encuentro. A menudo pensamos que descansar es “no hacer nada”, pero la Palabra y la experiencia nos recuerdan que el verdadero descanso no es solo pausa: es un tiempo sagrado para reencontrarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

En una sociedad acelerada, que mide el valor por la productividad y nos arrebata la calma, el descanso se convierte en un acto de resistencia evangélica. Este Año Jubilar de la Esperanza nos invita a mirar atrás con gratitud y a comenzar septiembre con el ánimo renovado, después de haber bebido de la Fuente que sostiene nuestro caminar.

La esperanza que nos alienta no depende de las circunstancias favorables, sino del amor de Dios derramado en nuestros corazones. Esa misma esperanza inspira la misión de Cáritas, que durante el verano ha seguido presente, escuchando y acompañando, porque las necesidades no se detienen en vacaciones.

Descansar no significa desconectar del mundo, sino contemplarlo con otros ojos: los de la compasión, la gratitud y la conciencia de que somos una sola familia humana. Es dejar que el silencio nos hable, que la oración nos sostenga y que la fraternidad nos impulse a seguir construyendo un mundo más justo y solidario.

Que al despedir este verano podamos reconocer la presencia de Dios en lo vivido y, al retomar la rutina, lo hagamos con el corazón renovado, atentos a las personas y dispuestos a sembrar esperanza allí donde estemos. Porque mientras haya personas, hay esperanza.

 

 

Irina Chishkova en Unsplash