Análisis y reflexión30/03/2026

Cuando cuidar también significa resistir: la realidad invisible de las trabajadoras de hogar

En el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar hablamos de la realidad de un trabajo esencial pero invisibilizado.

Cada día acompañamos a mujeres que llegan a nuestra ciudad intentando reconstruir su vida. Muchas traen consigo estudios, experiencia laboral y proyectos de futuro. Sin embargo, la realidad con la que se encuentran al llegar es muy distinta a la que imaginaron.

Para muchas de ellas, el empleo de hogar se convierte en la única puerta de entrada posible al mercado laboral. Es, en muchos casos, una tabla de salvación para poder empezar de nuevo, ayudar a sus familias o simplemente sostener su vida.

La gran mayoría de estas mujeres son migrantes y en muchos casos se encuentran en situación administrativa irregular. Esto las obliga a aceptar trabajos sin contrato mientras esperan cumplir los requisitos necesarios para solicitar el arraigo. Durante ese tiempo quedan prácticamente desprotegidas frente a posibles vulneraciones de derechos y viven con miedo a perder el empleo o a denunciar algunas situaciones en las que viven.

Esta realidad las sitúa en una posición de especial fragilidad: por ser mujeres en un sector altamente feminizado y precarizado, y por su condición migratoria. Una doble vulnerabilidad que limita sus oportunidades y las empuja, con frecuencia, a trabajar en la economía sumergida, sin garantías laborales y sin derechos.

Limpian, cocinan, cuidan de personas mayores o enfermas o atendiendo a niños y niñas. Su trabajo sostiene la vida cotidiana de muchas familias y permite que otras personas puedan conciliar, trabajar o descansar. Sin embargo, esa labor imprescindible sigue siendo una de las más invisibles y precarizadas de nuestra sociedad.

Desde el programa de Empleo de Cáritas queremos poner rostro y voz a una realidad marcada por las largas jornadas, los salarios bajos o la falta de descanso, pero también por el miedo, la soledad y la indefensión que muchas de ellas afrontan en silencio. A ello se suma el aislamiento: trabajar en soledad dentro de una casa, en el caso de las internas, dificulta denunciar abusos o reclamar condiciones dignas.

La reciente medida de regularización extraordinaria anunciada por el Gobierno puede convertirse en un primer paso importante para muchas personas que hoy trabajan sin documentación. Para muchas empleadas de hogar, esta medida podría abrir la puerta a un empleo digno, con contrato y derechos. Un paso más en la conquista de la justicia social.

Desde Cáritas acompañamos este proceso a través de nuestro programa de Empleo, promoviendo la profesionalización del sector, ofreciendo servicios de intermediación laboral y apoyando contrataciones dignas. Historias como la de tantas mujeres, que acudieron al servicio de intermediación laboral de Cáritas y hoy cuentan con un empleo con todas las garantías, muestran que es posible avanzar cuando se crean oportunidades y se reconocen derechos.