30 M – Por un empleo doméstico en condiciones dignas
“Trabajo cuidando a una persona encamada de lunes a domingo, 12 horas diarias, sin días de descanso”
“Sé que me pagan muy poco pero no tengo otra cosa y he de mantener a mis hijos”
“Me gustaría hacer un curso pero no me dejan libre en la casa en la que trabajo”
“Sigo de interna por 400 euros porque me dicen que en cuanto pueda tener papeles me dan de alta en la seguridad social”
“Cuando exigí aumento de sueldo me subieron de 4 a 6 euros la hora pero me recriminaron el hecho de querer abandonar a la persona que estaba atendiendo”
“Me fui de interna a un pueblecito muy pequeño pero no conocía a nadie y apenas había autobuses, así que me quedaba en la casa en mi día libre”.
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Son algunos de los testimonios que escuchamos a menudo a muchas mujeres en nuestros servicios de acogida y empleo de Cáritas. Mujeres, en su mayoría extranjeras y muchas en situación administrativa irregular, que se ven abocadas a aceptar condiciones laborales injustas y que, en ocasiones, rozan la explotación.
Durante la pandemia nos hemos dado cuenta de la importancia de ciertas profesiones y roles como pueden ser los relacionados con los cuidados y el empleo doméstico, pero ¿realmente hemos aprendido a valorar lo esenciales que son?.
A pesar de las notables mejoras que el Estado ha puesto en marcha en materia de derechos laborales para las personas que trabajan en el sector doméstico (prestación por desempleo, salario mínimo, vacaciones y descansos, obligación de pago de la Seguridad social por parte del empleador, etc.), muchas empleadas del hogar y del sector de los cuidados siguen trabajando en condiciones abusivas.
La vulneración del derecho a ejercer un empleo en condiciones justas provoca que las personas afectadas no puedan desenvolverse de forma autónoma y plena.
Trabajar con condiciones dignas permite también vivir en condiciones dignas.
Es responsabilidad de toda la sociedad reconocer el trabajo doméstico y de cuidados como los servicios esenciales que son, destinados a mejorar la calidad de vida en multitud de hogares y familias, así como a dar soporte y asistencia a muchas personas dependientes.
Es una cuestión de derechos, de dignidad y de justicia social.



