Noticia06/03/2026

💜 La Vivienda tiene Rostro de Mujer: El camino de Tarcila hacia la autonomía

Mujer, migrante y sin hogar: rompiendo las barreras de la exclusión residencial en Galicia a través del Proyecto CLARA

En este Día Internacional de la Mujer, ponemos el foco en una de las brechas más silenciosas y determinantes de nuestra sociedad: la exclusión residencial. No es una coincidencia que la pobreza tenga rostro femenino; es una realidad estructural que el último Informe FOESSA en Galicia describe con dureza. Los hogares sustentados por mujeres enfrentan mayores tasas de exclusión severa, atrapados entre la brecha salarial, la precariedad y un mercado del alquiler que se ha vuelto un muro infranqueable.

Una respuesta integral ante una crisis europea.

Esta problemática no es exclusiva de nuestro territorio. Alberto Ares, director de JRS Europe, señala que el acceso a la vivienda es un reto creciente en toda Europa, agravado por la falta de redes sociales para las personas migrantes. Ares define a Cáritas como la “puerta abierta” y la “mano de acogida” de la Iglesia para aquellas mujeres que, en sus procesos migratorios, han tenido que soportar situaciones de violencia de todos los niveles.

Para las mujeres que encabezan familias monoparentales, la vivienda no es solo un derecho, es la base para la supervivencia. Por ello, Ares advierte que estos programas de apoyo habitacional son, lamentablemente, “programas de futuro”, pues la necesidad de una vivienda digna en ciudades cada vez más pobladas no dejará de crecer.

El testimonio de Tarcila: Una promesa rota y la valentía de no rendirse

La historia de Tarcila refleja esta realidad hostil. Hace poco más de dos años, dejó su pueblo en Perú, buscando un futuro mejor para su hija de 13 años. Impulsada por una oferta de trabajo en Vigo que resultó ser falsa, se encontró al aterrizar sin empleo, sin papeles y sin un lugar donde vivir.

De repente, se encontró sola en una tierra ajena, con una niña a su cargo y la imposibilidad de retornar porque había invertido todos sus ahorros y préstamos en el viaje. En un mercado inmobiliario que exige nóminas, sufrió el rechazo directo: “Muchos me cerraban la puerta porque sabían que tenía una niña… me decían que con hijos no se podía alquilar”.

El Proyecto CLARA: Un faro en mitad de la oscuridad

Cuando todo parecía oscurecerse, Tarcila encontró en Cáritas Tui-Vigo un “rayito de luz”. A través del Proyecto CLARA*, encontró mucho más que un techo en una casa de acogida; encontró el espacio para soltar el peso de una mochila que la asfixiaba.

Me sentía feliz porque no me preocupaba que llegara la luz, el agua o el pago del piso”. Esa estabilidad emocional permitió que Tarcila se centrara en lo urgente: en ganar autonomía en los aspectos más personales y en la búsqueda de una inserción laboral digna.

El éxito de la autonomía y el reto de la regularización

Hoy, tras un año y medio en el proyecto, Tarcila vive en una vivienda de alquiler y trabaja. Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. La falta de documentación sigue siendo una barrera: “Tengo que tener un documento donde pueda trabajar libremente… ese es mi temor ahora”.

A pesar de las dificultades, su objetivo es claro: que su hija tenga una carrera y un futuro mejor. Su trayectoria demuestra que, cuando se garantiza el derecho a la vivienda, las mujeres no solo sobreviven: luchan y vencen.

Un mensaje de esperanza para el 8M

Para Tarcila, Cáritas ha sido “como un gigante, un hombro donde apoyarse”. Su mensaje para otras mujeres que hoy están en la situación que ella vivió es de persistencia: “Que no se desanimen, que tengan mucha fe y paciencia… nada es imposible si te lo propones”.

En este 8 de marzo, el testimonio de Tarcila nos recuerda que la lucha por la igualdad de género debe pasar, inevitablemente, por garantizar un hogar para cada mujer. Porque, como dice Tarcila, aunque haya piedritas en el camino, siempre hay que esquivarlas y seguir adelante por los hijos.

 

*¿Qué es el Proyecto CLARA?

Es una iniciativa de Cáritas Diocesana de Tui-Vigo que surge como respuesta estratégica a la crisis de vivienda que golpea a las mujeres. No es solo un refugio temporal, sino un itinerario de transición que combina el acogimiento en viviendas tuteladas con un acompañamiento integral. Al garantizar suministros básicos y un hogar seguro, permite a las mujeres fortalecer su autoestima y sirve de trampolín hacia un alquiler autónomo. Alberto Ares define estos programas como “pioneros y necesarios”, siendo un ejemplo para los servicios sociales públicos.