Cooperación internacional01 Julio 2018

Anabella, jefa de hogar de Guatemala

Nos cuenta cómo el proyecto de nutrición infantil de Cáritas ha mejorado la salud y las condiciones de vida de su familia.

Me llamo Anabella Díaz y vivo con mi marido y nuestros 7 hijos en el municipio de San Juan Ostuncalco. Tenemos por vecinos a otras 900 familias. La mayoría de ellas son, como nosotros, de la etnia maya Mam, y casi todas muy pobres.
No tenemos tierras, y muchas personas van a la costa a trabajar durante los meses de octubre a diciembre. Algunas migran a la capital, a México, e incluso, a Estados Unidos.

En casa trabajamos todos para contribuir al sustento familiar. Yo cuido del hogar y tejo prendas; mi marido Valeriano cultiva papas, hortalizas y maíz en nuestro huerto; trabaja en jornales agrícolas, y vende leña; Nuestros hijos nos ayudan en el campo o entregando la ropa que yo elaboro.

Participamos en el proyecto de nutrición infantil de Cáritas desde que nació mi sexto hijo, Selvin, pero ha sido con la más pequeña, Blandina, de 21 meses, con quien he podido evidenciar el impacto que ha tenido en su desarrollo los aprendizajes que he adquirido en el proyecto. Blandina es más fuerte de lo que eran mis otros hijos.

Ahora sé que hay una relación muy importante entre la higiene, la alimentación y la salud, y por eso he mejorado nuestras prácticas higiénicas y nuestra dieta, que ahora es más variada gracias a lo que cultivamos en el huerto.
Acudo a talleres de nutrición, llevo a mi hija a los controles de talla y peso, y estoy en la junta directiva de la escuela ‘Las Florecitas’, donde aprendo un oficio y me siento útil a la comunidad.

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