MAS verano
Luis Miguel Rojo Septién, Delegado Episcopal de Cáritas Española, invita a descubrir el verano como una oportunidad para vivir con mayor profundidad el Modelo de Acción Social (MAS), fortaleciendo el encuentro con Dios, el cuidado de las personas, la vida en comunidad y el compromiso con la realidad.
¡Más verano!, podría ser una frase recurrente al finalizar el verano: ¡más días de vacaciones! ¡más descanso! ¡más calor, playa, pueblo, contacto con la familia! Y es que el verano, siempre en relación con el descanso o las vacaciones laborales, suele ser un tiempo anhelado que en muchas ocasiones se queda corto.
En Cáritas somos muy dados a poner abreviaturas y cuando hablamos de MAS nos referimos al acrónimo formado por las palabras: Modelo de Acción Social. Sí, en Cáritas tenemos un modelo de acción social propio, es decir, un modo concreto de realizar nuestra acción caritativa en el mundo. Este modelo no puede ser otro que el de Jesús de Nazaret, que intentamos traducir al momento histórico que nos toca vivir. Para ello contamos principalmente con la doctrina social de la Iglesia, la larga experiencia que tiene la dimensión social de la evangelización en la Iglesia y los acentos tanto sociológicos como teológicos que nos presenta la realidad hoy.
Acabamos de actualizar nuestro modelo de acción social, en un documento dinámico cuyo núcleo hemos llamado “MAS esencia”, un breve documento que recoge de manera clara y sencilla lo que es nuestro modelo. Y, ¿qué tiene esto que ver con el verano? Alguien podría pensar que el MAS solo sirve al voluntario cuando realiza su labor, al trabajador en su jornada laboral o al sacerdote cuando acompaña a Cáritas, pero no es solo eso. Nuestro modelo de acción social configura nuestra vida acercándonos más a Dios y a los hermanos, mientras saca lo mejor de cada uno de nosotros.
Dada la importancia del MAS en nuestra vida cristiana, no puede quedar olvidado en verano, por eso en este tiempo de descanso, de vacaciones y de calor, necesitamos MAS verano. Acerquémonos a los cinco elementos de nuestro modelo de acción social, desde una clave veraniega:
En Cáritas nos mueve el Amor de Dios. El cristiano es consciente que todo surge de un encuentro de amor con Dios. Un Dios que nos ama y nos invita a ser signo de su amor, en clave de justicia social y de cambio de las estructuras de pecado. La posibilidad de disfrutar unos días de vacaciones nos da la posibilidad de reforzar este encuentro con Dios, experimentar su amor, pero no solo como algo que recibimos sino abierto a ser trasmitido a los demás. El verano puede convertirse en una oportunidad para reforzar nuestra oración pausada, para dedicar momentos a la contemplación o para descubrir el rostro de Dios en el hermano necesitado. Sin duda alguna reconectar con ese amor afectivo y efectivo que mueve nuestra labor caritativa y que está en la base de nuestro modelo de acción social.
La persona está en el centro de nuestra acción. En verano solemos disponer de más tiempo libre, tiempo para dedicarnos a nosotros mismos, para cuidarnos. Un tiempo para recordarnos que la persona está en el centro, no el ritmo desenfrenado de la sociedad en la que estamos inmersos, tampoco el sistema económico que nos sitúa como piezas de consumo, sino desde la dignidad inalienable de la persona. Redescubrir nuestras capacidades y potencialidades es fundamental, tanto en cada uno de nosotros, como en las personas con quien compartimos estos días. Si queremos alcanzar un desarrollo humano integral deberemos hacerlo desde la participación de todos mediante las múltiples dimensiones que constituyen a la persona. Quizás este verano pueda ser un momento para desarrollar hobbies, capacidades o talentos ocultos que por falta de tiempo no realizamos durante el curso. Descubrir que todos tenemos algo que aportar es una clave de nuestro modelo de acción social.
Caminamos en comunidad. Uno de los acentos que esta actualización del MAS ha puesto de manifestó es el valor de la comunidad. El verano suele ser un tiempo en el que reconectamos con amigos que no veíamos en mucho tiempo, momentos para compartir con la familia o salidas fuera de nuestra comunidad local. Que importante es reforzar vínculos con otros, dedicar tiempo de calidad a la escucha, reconocer el valor de la diversidad y celebrar la vida compartida. En ocasiones es necesario alejarse para reconectar con lo que nos une. La importancia de la comunidad de la que nos habla el MAS comienza en lo más pequeño, en lo más cercano: la familia, el grupo de Cáritas, la parroquia, la diócesis, el pueblo, el país… y como no, la familia humana que formamos todos los hijos de Dios. Necesitamos caminar en comunidad, crear comunidades que sean abiertas y acogedoras, capaces de dar sentido y de transformar la realidad.
Inmersos en la realidad. El verano puede ser una oportunidad para cambiar la realidad inmediata que nos circunda, pero nunca escapamos de ella. Seguimos teniendo que preocuparnos en cuestiones tan básicas como que cocinar, donde hacer la compra, el precio del combustible, donde sentar para comer a todos los nietos o donde ver el partido del mundial de futbol. Esta realidad puede cambiar en verano, pero sigue siendo el lugar donde Dios se revela. Esa realidad que es más amplia que nuestra casa, nuestro lugar favorito para escaparse o la ciudad que hemos visitado estos días. La realidad es local pero también global, porque nuestro barrio es una parte del mundo, afectado por dinámicas universales: el cambio climático, que favorece los incendios o reseca los campos; los flujos migratorios, que enriquecen la vida de nuestros pueblos; o las guerras que disparan el precio de la energía. Queremos que nuestras acciones sean significativas y responsables para que, independientemente de lo grandes o pequeñas que sean, logren ser un altavoz que anuncia el Reino de Dios.
Somos Iglesia Samaritana. Incluso en verano, desde Cáritas nos esforzamos en ser el rostro de una iglesia que, al igual que hizo el buen samaritano, se acerca al borde del camino para curar a quien está herido. Quizás en estos meses se puede dedicar un poco más de tiempo al voluntariado, podamos abrir nuestra mirada para conocer más la realidad de la pobreza o extender la caridad en su dimensión universal.
Estos cinco elementos no son independientes el uno del otro, necesariamente están relacionados y se refuerzan mutuamente. El resultado vendrá a ser algo parecido a la imagen del poliedro, de la que nos hablaba el papa Francisco. Una Iglesia creada entre todos, que tiene en el centro a Jesucristo y en la que los pobres encuentran su hogar. Este verano está llamado a ser un pasito más en un modelo de acción social que va dando forma poliédrica a la Civilización del Amor. Solo nos queda seguir una máxima: ¡Alzar la mirada! Y descubrir, también este tiempo estival, el significado profundo del MAS.



