El trabajo en la región de los Balcanes y la región del Cáucaso y Rusia convive con diferentes realidades, necesidades y apoyos. Son países pobres, con escasez de inversión publica en servicios comunitarios asistenciales y sociales. Países excomunistas, que han sufrido conflictos armados y ausencia de capacidades de sus Estados.
Desde una perspectiva de seguridad la situación en los Balcanes avanza hacia una cierta estabilización política con incertidumbres como la situación en Bosnia o la independencia de Kosovo, reconocida por parte de la comunidad internacional. Por eso se ha hecho precisa y necesaria la continuación de trabajos de pacificación, de sensibilización con las comunidades afectadas. En ese sentido el apoyo a planes y proyectos de sensibilización con ciudades y enclaves rurales afectados por los diferentes conflictos como en Serbia han seguido siendo una apuesta en este proceso de acompañamiento.
En esa misma clave de trabajo en zonas convulsas o con procesos de transición se ha seguido potenciado los programas de desarrollo, como en Chechenia, centrados en fortalecimiento comunitario, trabajo con zonas con altísimos índices de pobreza, desempleo, y que han sufrido las consecuencias de las diferentes fases de conflictos.